Los diferentes rostros del Iguanodon

El Iguanodon fue el primer dinosaurio en ser descubierto. Se trataba de un gran herbívoro con cadera de ave que fue muy abundante en el Jurásico Tardío y el Cretácico Temprano que nos ha dejado abundantes y muy interesantes restos. Pero desde su descubrimiento a comienzos del siglo XIX hasta el presente, la reconstrucción del Iguanodon ha evolucionado tanto por la acumulación de evidencias y de nuevos datos como por la evolución de las propias ideas de la comunidad científica.

El descubrimiento de este animal tuvo lugar en torno a 1822 en Gran Bretaña, cuando un médico rural inglés aficionado a la paleontología llamado Gideon Mantell descubrió unos grandes dientes fósiles en el bosque de Tilgate. Según su propio relato, Mantell se había llevado a su esposa Mary Ann con él a una consulta y fue ella la que descubrió varios dientes fósiles grandes y con coronas desgastadas entre las rocas.

La primera reconstricción del Iguanodon (de un dinosaurio) obra de Mantell

La primera reconstricción del Iguanodon (de un dinosaurio) obra de Mantell

Este relato ha cuajado en el imaginario popular y ha sido largamente repetido pero algunos autores modernos lo ponen en duda.

Interesado por los dientes, Mantell le dio uno a Charles Lyell, quien lo llevó a Francia para ser estudiado por el prestigioso anatomista francés Georges Cuvier que los identificó como pertenecientes a un rinoceronte que debió de haber coincidido en el tiempo con grandes reptiles como el Mosasaurus, que él mismo había descrito, en un período anterior al diluvio universal o a otra catástrofe de origen divino. (No olvidemos que Cuvier defendía que las especies se extinguían a causa de cataclismos periódicos de origen divino, postura llamada “saltacionismo” que actualmente está desestimada).

Mantell no aceptó la idea de que en aquel mundo antediluviano hubieran existido los mamíferos y comenzó su propia investigación en el Mueso Hunterian del Real Colegio de Cirujanos de Londres, donde vio dientes de iguana que le parecieron tan similares a los descubiertos que pensó en definirlos como dientes de iguana. Por sugerencia de Conybare decidió ubicarlo en un género a parte al que llamó Iguanodon («Diente de Iguana»).

Utilizando varanos e iguanas como referencia, estimó que este animal debía de haber llegado a medir 16 metros de largo. Influido por la reconstrucción de Cuvier del Mosasaurus, consideró que se trataba de un gran saurio o lagarto de sangre fría y herbívoro. Esta circunstancia es importante porqué se trató del primer gran reptil herbívoro.

Con el descubrimiento de más huesos, Mantell llegó a realizar una famosa reconstrucción claramente inspirada en una iguana cornuda y en los mamíferos paquidermos. Hoy en día la ciudad de Maidstone en Kent luce un Iguanodon en su escudo de armas como tributo a este descubrimiento.

Escudo de Maidstone con un Iguanodon

Escudo de Maidstone con un Iguanodon

Años más tarde, Richard Owen estimó que debió de haber sido más pequeño pero defendió la reconstrucción de Mantell, que fue incluida en la primera clasificación de dinosaurios ý en la Exposición Universal de Londres de 1941 dejando tras de sí el famoso banquete dentro de un modelo de Iguanodon a tamaño natural.

Ya entonces la idea de los dinosaurios elefantinos tuvo un crítico en la figura de Thomas Huxley, quien utilizó huellas fósiles para afirmar que el Iguanodon podría haberse desplazado sobre dos patas. Esta visión recibiría el refrendo de los restos de dinosaurios descubiertos en Norteamérica de Hadrosaurus por parte de Leidy y Laelops (Cope), claramente bípedos.

Para el Iguanodon todo cambió en 1878 cuando unos mineros de carbón descubrieron en una mina del pueblo de Bernissart al sureste de Bélgica la friolera de casi 40 ejemplares completos de Iguanodon. El Museo Real de Historia Natural de Bruselas (actual Real Instituto de Ciencias Naturales) se hizo cargo de la investigación y encargó al joven Louis Dollo el estudio de los ejemplares, tarea a la que dedicó toda su vida.

La contemplación de los ejemplares completos permitió a Dollo observar que no se parecían al monstruo descrito por Mantell: sus proporciones eran más similares a las de un canguro que a las de un rinoceronte y el espolón que Mantell había situado sobre el hocico resultó ser el pulgar. También comprobó que el meñique tenía mucha libertad de movimiento.

Dollo reconstruyó al Iguanodon imitando la postura erguida del canguro que caminaba como una persona, se orientaba con la vista y se alimentaba de la vegetación que masticaba con los dientes similares a los de una iguana que habían sido descubiertos originalmente. Esta imagen se convirtió en el paradigma del dinosaurio bípedo durante casi un siglo.

Iguanodon como bípedo

Iguanodon como bípedo

Otras disquisiciones de Dollo sostenían que el Iguanodon podría haber tenido una abertura en la mandíbula para sacar la lengua para guiar la comida a la boca, pero resultó que el cráneo que había observado estaba roto. También le llamó la atención que todos los esqueletos correspondieran a adultos, de lo que extrajo la idea de que habían descubierto una especie de “cementerio”.

Pero, en los noventa del siglo XX, el británico David Norman (paleontólogo bastante televisivo en su día) realizó un nuevo estudio de los restos de Iguanodon descubiertos por Dollo y descubrió que dos de las vértebras de la cola de estos esqueletos estaban dislocadas. Comprendió que sin esa dislocación no se podía conseguir la curvatura de la cola, así que volvió a juntar las vértebras estirando la cola alterando la posición del torso, que quedaba sobre el suelo. Extendiendo las patas anteriores, estas podían ser utilizadas para el desplazamiento. Aunque al principio no tenía claro que el Iguanadon se moviera a cuatro patas, los tendones que fue reconstruyendo y la disposición de las caderas le dejaron claro que el Iguandon era un cuadrúpedo “muy adecuado”.

Igbernisskel

Reconstrucción del Iguanondon de Norman

La idea, que terminó convenciendo a la comunidad científica, era que el Iguanodon se desplazaba a cuatro patas normalmente y que recogía lo brazos para correr sobre las patas posteriores cuando deseaba algo de velocidad.

Esta visión del Iguanodon como cuadrúpedo no tardó en trasladarse también a sus parientes como el Camptosaurus o el Mutaburrasaurus y a sus parientes posteriores (probables descendientes) los hadrosaurios, que compartían sus hechuras. Hoy en día hay consenso en que todos estos animales eran cuadrúpedos, escamosos y masticadores. Fue un proceso de asimilación paulatino tanto para la comunidad científica como para el público en general, durante los años 90 del siglo pasado hubo una época en que diferentes medios y autores representaban al Iguanodon erguido o a cuatro patas pero no hubo debates demasiado agrios.

Norman consideró correcta la interpretación del espolón defensivo del pulgar del Iguanodon, pero este desapareció en los hadrosaurios.

Estos hechos hacen del Iguanodon un buen ejemplo de cómo se reconstruye un animal fósil: conforme se van realizando nuevos descubrimientos y tenemos más información la reconstrucción se va haciendo más precisa en un buen ejemplo de la ciencia como actividad acumulativa. Pero también es un ejemplo de la influencia que tiene sobre los trabajos científicos la mentalidad de la época, que a menudo aporta cierta inercia a asimilar los nuevos datos y un sesgo que dirige la investigación hacia direcciones no necesariamente correctas.

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