Los Dioses del Mar: Japón

El archipiélago japonés siempre se ha considerado parte de Asia Oriental, pero en cierta forma no lo es: las islas tuvieron un desarrollo cultural aislado no solo respecto al resto del mundo sino unas respecto a otras.

Por supuesto China, la gran madre cultural de oriente, ejerció una fuerte influencia, especialmente en ambientes cultos y cortesanos. De hecho, los emperadores Yamato que comenzaron la unificación de las islas imitaban a los emperadores chinos en sus organigramas y sistema administrativo.

Pero el aislamiento y diversidad de las islas acabaron por digerir las influencias chinas, coreanas e incluso hindúes para asimilarlas a la peculiar idiosincrasia nipona.

En este sentido, la religión nativa de las islas se conoce como sintoísmo o shinto, que significa “camino de los dioses”. Se trata de un culto de naturaleza chamánica que combina la devoción a los antepasados con la adoración a los elementos, bosques o ríos.

En consecuencia, cualquier lugar de Japón tiene su zona divinizada y sus espíritus locales. Según su naturaleza, a estos espíritus se los podía referir como kami (benignos) u oni (malignos). A la hora de realizar una traducción a los idiomas y conceptos occidentales es común que kami sea traducido como “dios” (de hecho es lo común en las referencias al dios cristiano y en la prolífica cultura otaku) y oni como “demonio”. Pese a esta circunstancia, la mayor parte de los kami (y se han llegado a censar 8.000.000) no poseían un poder ni atribuciones equiparables a un dios en el sentido latino de la palabra; sino que eran más bien espíritus de la naturaleza, muy a menudo asociados a algún antepasado del enju o clan.

El intercambio cultural con Asia Oriental y en especial con China y Corea llevó a Japón el budismo de cuño chino, una religión más filosófica que el sintoísmo que tuvo un éxito tan marcado como rápido hasta convertirse en una de las bases culturales de las islas. No sucedería lo mismo siglos después con la llegada del cristianismo a caballo de los exploradores portugueses y españoles, que se encontraría tanto con la oposición intelectual del budismo como con la hostilidad de los poderes políticos.

La mitología “unificada” japonesa puede considerarse la mitología de la corte y suponía una especie de intento de unificar las cosmogonías shinto y de legitimar el poder del emperador (que por rizar el rizo era más formal que otra cosa).

Las fuentes de esta mitología son:

  • Kojiki: “Archivo de los Asuntos Antiguos”, antigua genealogía imperial datada en 712 y escrita en una mezcla de japonés y chino.
  • Nihonshoki: “Crónica de Japón”, recopilación de cuentos y relatos de varios autores datada en 720. Se lo considera menos fiable.
  • Kogoshui: fragmentos de antiguas narraciones (807).
  • Fudoki: “gacetas” provinciales.
  • Norito: oraciones sintoístas.
  • Manyoshu: gran antología poética.

Según estas narraciones, tras la formación del cielo y la tierra, esta iba a la deriva como una medusa y era informe como el aceite. Sobre ella fueron apareciendo diferentes parejas de dioses hasta llegar a la octava: Izanagi-no-Mikoto (“Varón Augusto”) e Izanami-no-Mikoto (“Mujer Augusta”) son los antepasados de dioses y humanos, a los cuales engendraron en cópulas o a través de hechizos e incluso desmembrando sus cuerpos.

De la nariz de Izanagi, nacería Susanoo-no-mikoto (“El Augusto Varón Colérico”), un dios que mostró talento pero personalidad colérica. Cuando Izanagi intentó repartir el mundo entre sus hijos, a Susanoo le correspondió el mar, la tormenta y la tierra.

Esto no le gustó a Susanoo, quien desafió a un duelo a su hermana Amaterasu, que había recibido el sol y el cielo.

Amaterasu desconfiaba de su hermano, de modo que la cosa se quedó en una “competición de procreación” en que la victoria la decidiría el número de deidades masculinas engendradas.

Amaterasu comenzó pidiendo a su hermano su espada, la rompió y masticó, de ella salieron tres hermosas hijas. Susanoo cogió las cuentas de la fertilidad de su hermana y creó cinco dioses. Así se proclamaba vencedor pero Amaterasu reclamó que la descendencia de su hermano venía de sus posesiones de modo que ella era la vencedora.

Susano'o, dios de las tormentas y el mar

Susano’o, dios de las tormentas y el mar

Susanoo rechazó la objeción de su hermana y celebró su victoria inundando las acequias divinas, defecó y restregó sus heces por el salón donde se probaban los frutos de la cosecha. Por último despellejó un caballo celestial y lo arrojó a la sagrada hilandería.

Aquello fue suficiente para que Amaterasu hullera aterrada llevándose el sol con ella a una cueva. El mundo quedó sumido en la oscuridad y los otros dioses tuvieron que convencer a Amaterasu de que volviera, desterrando en el proceso a Susanoo.

En su destierro, Susanoo se dirigió a la región de Izumo, lugar del que algunos creen que es originario. En ese lugar conoció a una pareja cuyas siete hijas habían sido devoradas por un dragón de ocho cabezas llamado Yamata-no-Orochi. Susanoo se fijó en la octava hija, llamada Kusa-nada-hime (“Princesa de Arroz”) y se ofreció a salvarla a cambio de que la entregaran como esposa.

Los padres accedieron y Susanoo convirtió a la muchacha en un peine que ocultó en sus cabellos. A continuación hizo construir ocho puertas en la casa y colocar tras cada una un jarrón lleno de sake (licor de arroz).

Al llegar, Orochi atravesó las puertas y bebió el sake. Susanoo lo aprovechó para cortarle todas las cabezas y colas con su espada. En la cuarta cola encontró la espada Kusanagui, con la que conseguiría recuperar el favor de los otros dioses y volver al cielo, donde construyó un palacio para su esposa.

En otra de sus truculentas aventuras, Susanoo pidió a la diosa de la comida Ogetsu-no-hime, a la cual pidió algo de comia. Ella accedió pero extrajo los alimentos que le dio de su nariz, recto y boca, cosa que desagradó a Susanoo, que la mató.

Una vez muerta, de sus ojos crecieron las semillas de arroz, de sus orejas el mijo, de sus genitales el trigo, en la nariz las judías pintas y del recto la soja. Alimentos todos ellos trascendentales tanto en la tradición como en el presente nipón.

En su conjunto, Susanoo es un dios del mar tormentoso. Impredecible y destructivo pero también ingenioso y capaz de actos provechosos. Su propio padre sabía que aunaba talento y mal carácter y se lo consideraba a veces turbulento o benigno.

Después de ir a buscar sin éxito a su esposa en el inframundo, Izanagi se dio un baño purificador, durante el cual engendró a varios dioses.

Tres de ellos son definidos como Watatsumi-no-kami. “Watatsumi” significa “el que sostiene el mar”, y se trata de un dragón que podría definirse como dios o fuerza tutelar del mar.

Se pretende que surgieron tres dragones del agua de Izanagi: “Uwawatatsumi” (agua superior), “Nakawatatsumi” (intermedio) y “Sokowatatsumi” (fondo). Así que Watatsumi es una especie de dios dragón triple que reparte las aguas del mar entre sus diferentes facetas. Es el más destacado de todos los kami marinos.

A diferencia de Susanoo, Watatsumi es una divinidad tutelar benévola que regula unas mareas previsibles y reside en un palacio submarino.

Y luego está Ryujin o Ryojin (“Dios Dragón”). No está claro si se trata de un dios dragón diferente, el propio Watatsumi o una de sus facetas. La segunda teoría es la más aceptada.

Ryujin y la princesa

Ryujin y la princesa

Se trata de una gran bestia que representa el poder de los mares y puede adquirir forma humana. Controla las olas del mar y puede apaciguar y embravecer las mareas. A menudo se describe a las tortugas marinas, peces y medusas como sus sirvientes.

En el sintoísmo, la Ryujin shinko (“Fe del Dios Dragón”) es una forma de creencia que adora a los dragones como kamis del agua.

Está fuertemente asociados a la ascendencia imperial, ya que se pretende que el nieto de Amaterasu, llamado Hononigi, tenía dos hijos llamados Honosusori (Brillo de Fuego) y Hiko-hoho-demi (Sombra de Fuego).

El primero se dedicaba a la pesca con anzuelo mientras que el segundo a la caza, hasta que Sombra de Fuego se cansó y sugirió a su hermano un cambio de roles. Este aceptó y Sombra de Fuego perdió el azuelo. Ningún regalo pudo consolar a Brillo de Fuego, por lo que su hermano fue en busca de ayuda al palacio de Watatsumi.

Este le recibió hospitalariamente y recuperó el anzuelo de la boca de un pez. Durante su estancia, Sombra de Fuego se cruzó con Toyotama-hime u Otohime (“Joya Luminosa” o “Princesa del Sonido”), princesa dragón de los mares hija de Watatsumi. Ambos cayeron enamorados y Watatsumi aceptó el matrimonio. La pareja vivió feliz hasta que Sombra de Fuego sintió añoranza y volvió junto a su hermano, quien declaró que a partir de entonces le seguiría.

De esta unión nacieron dos hijos que a su vez serían los progenitores de Jinnu Tenno, primer emperador legendario de Japón.

En otra ocasión, la emperatriz Jingu atacó Corea con la ayuda de dos gemas mágicas de Ryujin que le permitían controlar la marea. Hay diferentes versiones de este mito que siempre terminan con las gemas volviendo al agua para reequilibrar las mareas.

Una historia extraña que también afecta Ryujin afirma que las medusas en el pasado tenían esqueleto hasta que un día el dios dragón del mar les dijo que le trajeran un mono ya que quería comer hígado de mono o curarse de un escozor. Las medusas capturaron un mono pero este las engañó diciendo que había dejado su hígado en una jarra en el bosque y que tenía que ir a buscarlo. Cuando las medusas retornaron y contaron a su señor qué había sucedido, este se enfureció tanto que las golpeó hasta triturarles los huesos.

En conjunto, podemos considerar que Watatsumi/Owatatsumi/Ryujin era un dragón hijo de Izanagi y que detentaba el patronato y posesión de los océanos por encima de todos los demás kami marinos. Se trata de una divinidad benévola asociada a los orígenes de la institución imperial.

Susanoo, por el contrario, es un dios de naturaleza culta probablemente adoptado de los cultos de la región de Izumo. Es un dios imprevisible que puede ser temible. Y también está asociado a las tormentas, mientras que Watatsumi está asociado a las mareas y las criaturas marinas.

Nuevamente, la síntesis culta de la religión japonesa muestra la coexistencia de dos facetas en el mar: peligrosa (Susanoo) y acogedora (Watatsumi).

Genealogía mítica de la familia imperial por Scott Littleton. Tanto Susano'o como Watatsumi aparecen como antepasados.

Genealogía mítica de la familia imperial por Scott Littleton. Tanto Susano’o como Watatsumi aparecen como antepasados.

Por supuesto, existía una lista monstruosa de kami asociados al mar pero todos ellos estaban por debajo de ambos.

Es el caso de Humiko, una sirena que fue adoptada por una villa de pescadores, o de Bake-kujira una especie de ballena fantasma que apareció frente a un puerto ballenero.

Mención especial merece Amemasu, una especie de demonio en forma de ballena que vivía en lago Mashu.

En una ocasión, Amemasu vio un hermoso cervatillo que bebía de las aguas del lago y salió con las fauces abiertas para devorarlo, tan ansioso que no lo masticó, de modo que el cervatillo entró vivo en su estómago.

Una vez dentro, lloró unas lágrimas tan duras que perforaron el estómago de Amemasu hasta que fue capaz de escapar.

Esto fue contemplado por un pájaro, que voló a las aldeas para contar lo que había sucedido y de que el bloqueo de las aguas resultante podría inundar sus casas.

Solamente los Ainu se refugiaron en las montañas, mientras que los demás pueblos fueron a ver el cadáver y decidieron comérselo sin respeto alguno. Cuando terminaron de comérselo, las aguas se liberaron e inundaron las aldeas matando a todos sus habitantes.

Los ainu creían que cada tsunami que tenía lugar en Japón era debido a la ira de Amemasu por los crímenes de los humanos contra los seres marítimos.

Lo interesante de este mito es que se trata de una leyenda de los Ainu, pueblo de la norteña isla de Hokaido que se mantuvo relativamente aislado tanto de la autoridad de los emperadores Yamato como de la influencia cultural de China.

Por ello, nos muestra una forma de chamanismo shinto mucho más pura, donde la naturaleza se manifiesta a través de poderosos espíritus que no necesariamente encajan con la definición occidental de dioses.

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