Superficie verde contra el cambio climático

El cambio climático es el problema global más serio al que actualmente nos enfrentamos. Sobre su origen antropogénico (como ya he comentado anteriormente en este blog) hay consenso dentro de la comunidad científica pese que frente a la opinión pública se trata de mostrar un debate artificial.

El origen del cambio climático está en la emisión de GEI (Gases de Efecto Invernadero) a la atmósfera por las actividades humanas en una magnitud mayor de la que el medio natural (las plantas y los océanos) puede absorber. Este detalle es de capital importancia para comprender el concepto: los GEI se encuentran en la atmósfera de forma natural. Los dos más importantes (CO2 y CH4) son generados directamente por nuestros cuerpos, el problema no está en su presencia sino en su exceso. Como dijo Paracelso, no hay venenos sino dosis.

El principal causante de calentamiento global es el CO2, el gas que exhalamos nosotros y respiran los organismos fotosintéticos. Por consiguiente, la fotosíntesis es uno de los fenómenos que reducen el CO2 de la atmósfera.

Eso hace de las superficies forestales una importante fuerza compensadora del cambio climático. Durant

Los manglares son grandes fijadores de carbono

Los manglares son grandes fijadores de carbono

e la fotosíntesis los árboles recogen CO2 directamente de la atmósfera y lo incorporan a sus propios tejidos donde lo “almacenan”, este proceso se conoce como “fijación de carbono”. En los troncos de los árboles el carbono llega a suponer el 20% del peso y dentro de las masas forestales existen otros reservorios de carbono como el humus, la materia vegetal en descomposición.

En este sentido, los manglares muestran una singularidad respecto a las restantes masas forestales: son árboles acuáticos. Un bosque tropical almacena carbono en los troncos de los árboles y la superficie seca sobre la que se alzan pero los manglares tienen un tercer reservorio en la masa de agua sobre la que se alzan y eso les permite almacenar hasta cinco veces más carbono que una selva tropical.

Pero no solo se debe a la fijación del carbono: la fotosíntesis absorbe una importante cantidad de luz y su energía que utilizan para la fijación de carbono. Ello implica una reducción de la radiación reflejada, el albedo, que es la radiación energética a la que los GEI impiden escapar. En una zona arbórea el albedo es bastante menor que en las zonas desérticas.

A su vez, las zonas boscosas tienen una mayor resistencia a las perturbaciones y suponen una barrera contra la erosión. En el caso de los manglares, actúan también como defensa de las zonas costeras frente a las tormentas.

Según las estimaciones de la FAO, los bosques y sus zonas colindantes almacenan un billón de toneladas de carbono. Esta estimación es compartida por el Banco Mundial. A su vez, la OMS recomienda que haya al menos 9 metros cuadrados de zonas verdes por habitante.

Con esto en cuenta, no es de extrañar que la deforestación supone una de las causas más importantes del calentamiento global. En opinión de la FAO, la deforestación supone la liberación de unas seis mil millones de toneladas de bióxido de carbono al año. A su vez supone una pérdida de superficie fotosintética y un incremento del albedo.

Por ello, la FAO considera que la gestión de las masas forestales es un importante instrumento en la lucha contra el cambio climático. Afirman que esto es especialmente marcado en el caso de las zonas tropicales donde los árboles crecen más rápido y se estima que su potencial de fijación de carbono es de 15 toneladas de carbono por hectárea. Ello podría suponer compensar un 15% de las emisiones de carbono producidas por los combustibles fósiles en los próximos 50 años.

Otro punto de vista de la FAO radica en que la utilización de madera en lugar de carbón podría suponer un nivel de emisiones más sostenibles y que podrían compensarse plantando nuevos árboles.

Entre 300 y 350 millo2017_01_05_bosques-frenan-cambio-climatico-y-aumentan-resiliencia_2nes de personas viven dentro o cerca de masa forestales y dependen de estos para su subsistencia y cientos de millones de personas más necesitan los recursos forestales para obtener alimentos, materiales de construcción, fuentes de energía y otros productos. Este sector forestal emplea a 13,2 millones de personas generando un valor bruto cerca de 600.000 millones de dólares al año.

Esta circunstancia parece corroborar la afirmación de que la principal fuente de empleo está en la economía verde.

Otra estrategia de superficie fotosintética se encuentra en los huertos urbanos. Aunque en España se considera algo minoritario, se trata de una actividad que se remonta a los albores de la revolución industrial, cuando fue utilizada en Francia para ayudar a abastecer a los obreros, y la FAO estimaba que en el 2000 era practicada por ochocientos millones de personas.

Existen países con una larga tradición como Canadá, Estados Unidos (donde fue indispensable para paliar la escasez de alimentos durante la Segunda Guerra Mundial), Francia o Reino Unido. En Europa el liderazgo corresponde a Polonia con 25,4 pardelas /1000 habitantes, seguida por Eslovaquia con 16,3 y Alemania con 12,3. España apenas tiene 0,3 pero hay tendencia al incremento.

En el caso de Rusia, se estima que el 72% de los hogares practica la agricultura urbana y Petrogrado es conocida por sus plantaciones en los techos de sus edificios. El club de Horticultura Urbana de la ciudad afirma que cultivan 2.000 toneladas de vegetales en la ciudad al año.

Pese a ello hay dudas sobre la rentabilidad de esta forma de agricultura, debido a que el cultivo de verduras gourmet permite conseguirlas a un precio menor que en su compra pero en los huertos comunitarios el balance no está tan claro. Pese a esta circunstancia en opinión de José Luis Fernández Casadevate “la rentabilidad social, ambiental y educativa es enorme”.

Los jardines verticales tienen un gran potencial

Los jardines verticales tienen un gran potencial

Otra forma de agricultura urbana son los jardines verticales, el cultivo de plantas en las fachadas de los edificios que se van extendiendo en los edificios públicos debido a sus virtudes estéticas, medioambientales y urbanas. Entre sus ventajas está que purifican el aire, embellecen la ciudad y sirven para amortiguar el ruido.

Existen empresas que esperan sacar provecho de la instalación de jardines verticales, mientras que otras ya permiten que sus empleados practiquen la agricultura urbana en sus instalaciones (caso del Pasona Group en Tokio). A escala menor, las asociaciones de vecinos llegan a acuerdos con propietarios de fincas en desuso.

En resumidas cuentas, el empleo de superficies fotosintéticas es una forma de luchar contra el cambio climático que generan numerosos beneficios añadidos inmediatos. Una de las estrategias interesantes para el futuro inmediato.

Bibliografía:

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Archivado bajo Aplicación, Ciencias Sociales, Ecología

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