Mesoníquios, los depredadores con pezuñas

Tras la extinción de los dinosaurios, los mamíferos comenzamos una radiación adaptativa que nos llevaría hasta la diversidad y prominencia de la que disfrutamos actualmente. Entre las innovaciones de esta radiación adaptativa está la aparición de grandes depredadores (aunque ya habían existido depredadores en tiempos de los dinosaurios como Repenomamus) entre los que unos de los más extraños a nuestros ojos quizá serían los llamados mesoníquios, depredadores ungulados con pezuñas.

Entre sus características está la presencia algunos de los mamíferos depredadores más grandes de todos los tiempos y su presumible parentesco con las ballenas hasta el punto de que se los consideró sus antepasados durante mucho tiempo.

Descubrimiento

Los mesoníquios fueron descubiertos en Wyoming en 1872 por el famoso paleontólogo Edward Drinker Cope, quien descubrió los restos de un animal al que llamó Mesonyx (“media garra”) y describió como un animal cuyos estrechos colmillos y dentadura sugerían un parentesco o analogía con las focas pero al que se resistía en considerar relacionado con los mamíferos marinos debido a su estructura corporal que consideraba propia de “un mamífero perfectamente terrestre”.

Reconstrucción clásica del Mesonyx

En referencia a este animal, nombró al grupo mesoníquios.

La filiación evolutiva del nuevo grupo no estaba clara en un primer momento. Cope se resistía a considerarlos emparentados con los mamíferos marinos y la opinión general tendió a relacionarlos con los creodontos, otro grupo de mamíferos depredadores del Eoceno relacionado con los modernos carnívoros, debido a sus semejanzas con ambos grupos.

Durante sucesivos años, se fueron descubriendo hasta 20 géneros con varias especies y en 1966 el paleontólogo Leigh van Valen afirmó que su anatomía era más cercana a la de los ungulados debido a la presencia de pezuñas y ciertas características de su calavera.

Su razonamiento sugería que los mesoníquios habían evolucionado a partir de otros mamíferos ungulados (actualmente se cree que de los condilartos) herbívoros de dientes cortos y cuadrados divergiendo con el desarrollo de dentaduras propias de los mamíferos comedores de carne como los carnívoros. Actualmente esta teoría es la más aceptada.

Al mismo tiempo, los dientes de los mesoníquios (descritos como “sencillos”) resultaron similares a los de los cetáceos primitivos conocidos en la época como el Basilosaurus. Debido a que los estudios genéticos y químicos relacionan a los cetáceos con los ungulados, el reloj genético sitúa la separación de ambos grupos en el Eoceno y los cetáceos son todos carnívoros, los mesoníquios suponían un grupo de ungulados carnívoros eocénicos cuyos dientes eran similares a los de los cetáceos primitivos. La teoría de los mesoníquios como antepasados terrestres de los cetáceos resultó muy sólida y hoy en día sigue teniendo defensores.

Hasta el punto de que el animal más primitivo descrito como cetáceo (el Pakicetus) se ha discutido si se trata de un mesoníquio o un arqueoceto.

Filogenia y evolución

Como hemos señalado, los mesoníquios estaban relacionados con los ungulados y probablemente descendían de los condilartos.

Los primeros mesoníquios aparecieron el Paleoceno a comienzos del Eoceno, siendo hasta 10 millones anteriores que las primeras ballenas. El primer mesoníquio conocido fue el Yangtanlestes de Asia, continente donde probablemente se originó el grupo para a continuación colonizar la mayor parte del hemisferio norte.

Se han sugerido hasta tres familias de mesoquíquios diferentes: mesonychidae, Triisodontidae y Hapalodectidae.

Los triisodóntidos han sido descritos como un estadio temprano de la evolución de los carnívoros con pezuñas y entre ellos se han clasificado los mayores depredadores terrestres de su tiempo. Se les ha descrito como depredadores dominantes en sus comunidades.

Se ha afirmado que el Eoconodon era el mayor depredador de su época y Triisodon (considerado su descendiente) era mucho mayor.

Cráneo de Triisodon

Los hapalodectinidos son el grupo menos conocido y se discute si son una familia separada o una subfamilia dentro de los mesoníquidos. Eran relativamente pequeños y (1 – 8 kg) y sus dentaduras estaban más adaptadas a cortar que a triturar. Se conoce poco de su morfología poscraneal.

Los mesoníquidos son el grupo donde se han incluido más géneros y con mayor distribución geográfica, Pudiendo llegar a Norteamérica a través del puente de Beringia mientras que también se encuentran géneros en Europa. Se caracterizaban por sus dentaduras adaptadas para triturar y sus pies con pezuñas similares a las de los artiodáctilos.

Además de ser la familia más extensa, en ella se incluyen los tres géneros mejor conocidos: Mesonyx, Dissacus y Pachyaena.

La mayor controversia en la clasificación de los mesoníquios afecta al género Andresarchus (“Regidor de Andrew”) conocido únicamente por una calavera de 83 centímetros de longitud descubierta en 1923 por Kan Chuen Pao y descrita por Henry Fairfield Osborn en 1924 comparándolo con Mesonyx. Esto lo llevó a la conclusión de que Andrewsarchus era el mayor mamífero depredador terrestre de todos los tiempos con una talla equivalente a la de un rinoceronte, el gigante entre los mesoníquios.

Su clasificación original fue dentro de los triisiodóntidos pero actualmente se considera que no estaba tan estrechamente relacionado con los mesoniquios, sino más cercano con los hipopótamos.

El motivo por el que más se habla de los mesoniquios en temas evolutivos es porqué históricamente se los ha considerado los antepasados terrestres de las ballenas, teoría que históricamente ha sido largamente aceptada y se vería reforzada por la forma de vida presumiblemente anfibia de mesoniquios como Dissacus o Hapalodectes.

Pese a ello, esta teoría se encuentra relativamente descartada debido a los estudios de Philip Gingerich en extremidades posteriores de los cetáceos de cuatro patas donde descubrió que las ballenas de cuatro patas presentaban doble seno en el astrágalo al igual que los artiodáctilos mientras que los mesoniquios presentaban un único seno superior en el astrágalo. De ello concluyó que los cetáceos y los artiodáctilos habían evolucionado a partir de un antepasado común condolarto de forma colateral a los mesoniquios. Esta es la teoría más aceptada actualmente.

Reconstrucción y comportamiento

Los estudios de los esqueletos de mesoniquios mejor preservados, los géneros Dissacus, Mesonyx, Pachyaena y Sinonyx sugieren que estos animales desarrollaron la habilidad de correr relativamente rápido en el Eoceno Temprano.

Los estudios de la columna vertebral del género Pachyaena indican que su columna vertebral era rígida, con poca movilidad lateral. Ello le confería mayor estabilidad en carrera y lo hacía un corredor de espalda rígida similar a algunos grandes ungulados herbívoros modernos. De todos modos, Pachyaena era mayor que la mayor parte de estos con un peso estimado de 400 kg.

Los mesoniquios más antiguos caminaban sobre la planta de las patas y tenían cinco dedos terminados en pequeñas pezuñas mientras que los géneros más avanzados como Pachyaena corrían sobre los dedos, que había sido reducidos a cuatro con pezuñas desarrolladas.

Dissacus

Con todo, los científicos dudan si esta capacidad para la carrera tenía como objetivo la depredación (persecución de las presas) o escapar de algún depredador aun mayor.

La dentadura de los mesoniquios se ha descrito como “sencilla” y está caracterizada por dientes triangulares con presencia de premolares y molares. El cráneo de Mesonyx nos muestra marcas de grandes músculos para cerrar la mandíbula que probablemente incrementaban la fuerza de su mordisco, que podría matar rápidamente a una presa pequeña.

Los estudios de los moldes del cráneo nos dan a entender que no tenían cerebros muy grandes pero sí más especializados que sus modernos parientes ungulados y los carnívoros. Siendo la característica más singular la reducción de los lóbulos olfativos, lo que sugiere una reducción de la importancia del sentido del olfato.

Un caso singular es el del género Ankalagon, un mesoniquido que se expandió más allá de Asia por todo el hemisferio norte, en el que la comparación de un esqueleto con el holotipo de Ankalagon saurognathus descubierto en la bahía de San Juan en Nuevo México mostró unos dientes 1,5 veces más grandes. Esto se ha interpretado como un caso de dimorfismo sexual en el que los mayores dientes mostrarían un macho.

Muchas veces se ha descrito a Mesonyx como un depredador de aspecto similar al lobo moderno pese a que vivió mucho antes de que aparecieran los primeros antepasados de este y es probable que ocupara un nicho ecológico similar como depredador. No se sabe si este animal cazaba en grupos como los modernos lobos pero se considera que los cerebros de los depredadores del Eoceno eran más aptos para el instinto que para un comportamiento sofisticado.

De todos modos, debido a su singular combinación de pezuñas y características depredadoras los mesoniquios no tienen ningún equivalente moderno exacto para reconstruir su comportamiento.

Los estudios paleoecológicos confirman la idea de que los mesoniquios eran los mayores mamíferos depredadores de su entorno, nicho ocupado por ellos y no por los creodontos como antiguamente se pensaba.

Pachyaena, por Carl Buell

Su dieta se descrito como “difícil de determinar”. Cope consideró que la tremenda capacidad de trituración servía al Mesonyx para devorar tortugas. Posteriormente se consideró que se trataba de animales carnívoros, su dentadura triangular sugiere adaptación a una dieta piscívora, también se ha sugerido que podrían haber comido moluscos o ser omnívoros.

Muchas de estas ideas están influidas por la convicción de su parentesco con los cetáceos pero debemos tener en cuenta que no se trata de opciones excluyentes: es posible que animales como el Mesonyx o Pachyaena fueran depredadores activos que no hacían ascos a la carroña ni al pescado o marisco en caso de acercarse al agua mientras que mesoniquios más pequeños como Dissacus o Hapalodectes cazaran presas más pequeñas, pescaran o consumieran alimentos vegetales.

Sobre la extinción de los mesoniquios

Históricamente, se ha considerado que los mesoniquios fueron uno de los primeros grupos de mamíferos carnívoros terrestres surgidos durante la radiación evolutiva del Eoceno, cosa que hemos visto que es correcta, pero ello ha implicado que se los considere un grupo primitivo e históricamente se ha asumido que nunca fueron muy abundantes y que rápidamente fueron eclipsados por los creodontos y los carnívoros auténticos. Esta visión favoreció la idea de que una vida anfibia pudo ser una salida para ellos y acabaría por dar lugar a los cetáceos.

Pero, como hemos vistos, los mesoniquios gozaron de una amplia radiación adaptativa y geográfica durante todo el Eoceno a lo largo de todo el hemisferio norte, disfrutaban de una posición destacable en los ecosistemas de la época domo depredadores dominantes (casos de Pachyaena y Triisodon) y coexistieron con las ballenas anfibias durante casi 20 millones de años. Por lo que la interpretación de los mesoniquios como grupo evolutivamente ineficaz no ya parece muy sólida.

Pero el caso es que los mesoniquios están extinguidos y no queda ningún animal parecido a ellos. ¿Cómo se extinguieron?

La práctica totalidad de los mesoniquios se encuentra en yacimientos del Eoceno, que es la época en aparecieron y tuvieron su mejor momento. En conjunto, las colecciones de restos de mesoniquios reconocidas datan de las siguientes épocas:

  • Paleoceno (Eoceno superior): 71 repartidas por todo el hemisferio norte.
  • Eoceno: 176 repartidas por todo el hemisferio norte.
  • Oligoceno: 2 en Mongolia.

Por supuesto, no todas las colecciones llegan a finales del Eoceno pero de géneros como Pachyaena, Metahapalodectes, Olsenia o Harpagolestes si se han encontrado restos de finales del Eoceno. Y en el Oligoceno inmediatamente posterior solo se encuentran dos colecciones en Asia que se han atribuido al género Harpagolestes.

Hapalodectes, el último mesoniquio

Esta circunstancia nos da una pista muy clara: la separación entre los períodos Eoceno y el Oligoceno está marcado por un evento de extinción llamado “Gran ruptura de Stehlin” o Grande Coupere en francés. Este evento se ha atribuído a la abertura del Estrecho de Drake que separó Sudamérica de la Antártida y permitió la formación de la corriente que circunda la Antártida mientras que le llamado estrecho de Turgai unió Europa y Asia. Estos fenómenos habrían afectado al trasiego global de calor dando lugar a una era de hielo.

Otra posible causa de la Gran Ruptura podría ser el impacto de meteoritos en aquella época de la que se han encontrado rastros en Siberia y la India.

La Gran Ruptura supuso una serie de eventos de extinción al que se atribuye una honda renovación a nivel global de la fauna, en la que los mamíferos fueron muy afectados.

Así, es probable que los mesoniquios llegaran en un buen estado dentro de las comunidades ecológicas a finales del Eoceno pero fueran diezmados (extinguiéndose la gran mayoría de los géneros) y los supervivientes en el Oligoceno no fueran capaces de repetir una nueva radiación evolutiva, extinguiéndose.

Por supuesto, esta es una interpretación basada en las colecciones de fósiles de las que disponemos y los futuros descubrimientos pueden desmentirla.

Bibliografía:

 

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