Hacia una visión biológica de la homosexualidad

Como señala el título, esta entrada busca acercarnos a una visión seria de la homosexualidad desde la biología. No pretende ser un alegato político aunque si combatir los numerosos mitos que la rodean.

El primero de los mitos que se han formado en torno a la homosexualidad es que se trata de un hecho “antinatural”, lejos de eso la homosexualidad está ampliamente distribuida en el reino animal, habiendo sido descubierta en al menos 1500 especies y bien documentada en 450 que incluyen 217 especies de mamíferos (incluyendo humanos, chimpancés, bonobos, delfinesm girafas…), 147 especies de aves (pingüinos, albatros, cisnes…), lagartos, insectos y más.

Especies animales con comportamientos homosexuales

Entre estas especies animales podemos comenzar por citar que cerca del 8% los carneros machos prefieren aparearse con ejemplares de su mismo sexo. Algo así sucede con los jóvenes machos de jirafa, entre los que hasta 9 de cada 10 cópulas pueden ser homosexuales.

Otro ejemplo son los machos del delfín mular que durante sus vidas atraviesan etapas de bisexualidad y homosexualidad. Los machos jóvenes tienden a formar grupos en los que practican homosexualidad y cuidan unos de los otros.

También está demostrada la presencia de homosexualidad en un delfín mucho mayor: se sabe que los machos de orca tienden mantener relaciones sexuales homosexuales entre ellos en situaciones como abandonar sus clanes matrilineales para ingresar temporalmente en grupos temporales de machos en los que normalmente parejas de machos realizan cortejos y flirteos similares a los realizados de forma heterosexual y se practica sexo homosexual en la llamada posición de “pico genital”.

Este comportamiento es más habitual en machos “adolescentes” (entre 12 y 25 años, las orcas pueden vivir hasta 80 años) pero también puede aparecer en machos adultos y, lejos de ser un acto de bestialidad, se considera que puede dar lugar a amistades de larga duración.

También se han descubierto “orgías homosexuales” en las migraciones al norte de las ballenas grises, en las que pueden participar hasta cinco machos desde 30 minutos hasta hora y media.

Unos mamíferos marinos de naturaleza mucho menos activa, los manatíes, también muestran conductas homosexuales entre machos que frotan sus penes erectos y se acarician en cópulas que pueden ser hasta ocho veces más largas en duración que una cópula heterosexual.

¿Dónde están las lesbianas del reino animal? Pues están menos estudiadas que sus homólogos masculinos, pero las podemos encontrar muy cerca: en la especie más cercana a nosotros, el chimpancé enano o bonobo (Pan paniscus) se ha demostrado que las hembras mantienen intensas relaciones frotando sus genitales las unas con las otras, comportamiento que también ha sido observado en los macacos japoneses.

Entre las aves, la homosexualidad está también ampliamente extendida pero también parece ser más circunstancial. Es el caso de los albatros de Laysan (Phoebastria immutabilis) de la isla de Oahu, cuya población venía reduciéndose constantemente por la falta de machos hasta que en 2009 se descubrió que un tercio de la colonia estaba formada por parejas homosexuales de hembras.

Este comportamiento también ha sido detectado en otras aves como los pingüinos o los flamencos.

Entre los seres humanos siempre se ha sugerido que entre un 5 y un 10% de la población tiene tendencias homosexuales. Un estudio realizado por Kisney et al (citado por E.O. Wilson) afirmaba que en 1940 el 10% de los hombres adultos eran principal o exclusivamente homosexuales.

Origen y explicación biológica de la homosexualidad

Históricamente, se ha considerado que la homosexualidad tiene un origen psicológico. Esta teoría es popular entre los conservadores, que consideran la homosexualidad una conducta “pecaminosa” y “desviada” a la que podrían encontrar una supuesta cura. Sin embargo, también se trata de un punto de vista atractivo para algunos homosexuales que creen que todo el mundo podría llegar a ser homosexual.

En el mundo clásico la homosexualidad se consideraba normal

Pese a ello, numerosos homosexuales afirman sentir haber nacido así y, dada la amplia distribución a lo largo y ancho del reino animal de la homosexualidad y su presencia en una sociedad tan contraria como los EUA de la II Guerra Mundial, parece probable que la homosexualidad tenga un componente genético que, de hecho, se ha estudiado.

El estudio más sugestivo es el del genetista americano Dean Hamer que en 1993 descubrió el primer gen relacionado con la homosexualidad.

Hamer había observado que los gays tenían con frecuencia familiares que también lo eran, especialmente en la rama materna, lo que le sugirió que tendría algo que ver con el cromosoma X. 40 parejas de hermanos homosexuales participaron en el estudio, de la que 33 compartían un  conjunto específico de variantes en la región Xq28. No se podía considerar un «gen gay» ya que aparece en hombres heterosexuales y parece ausente en homosexuales, pero podría indicar una predisposición a la homosexualidad.

Otra explicación, por supuesto no excluyente, la aportó Ray Blanchard de la Universidad de Toronto, quien determinó en 1997 que los hombres que tienen hermanos mayores tienen mayor probabilidad de ser homosexuales, incrementándose esta en 1/3 por cada hermano mayor. Sin embargo, debido a la baja tasa de prevalencia de la homosexualidad, la mayor parte de los hombres con hermanos mayores son heterosexuales.

¿Qué tenemos mientras tanto sobre las lesbianas? Pues bastante menos. Probablemente debido al mayor interés mediático de los varones homosexuales y a la mayor discreción a la que se han visto forzadas históricamente, pero ellas se quejan de ser invisibles para la ciencia y no les falta razón. Lo poco que tenemos sugiere que el lesbianismo es moderadamente heredable y se asocia a altos niveles de testosterona. Se ha asociado a la relación en el útero, donde un feto femenino es más similar a la madre que uno masculino.

Todo esto parece señalar que la homosexualidad si está relacionada con factores biológicos y genéticos pero no podemos olvidar las palabras de Colmenares y Gómez a cerca de que “el comportamiento es el fenotipo de mayor plasticidad ontogénica” y que los genes y la experiencia tienen una importancia del 100% en el comportamiento. De modo que la homosexualidad probablemente tenga un componente genético y otro de desarrollo personal, opinión que defiende abiertamente Dean Hamer.

¿Para qué sirve la homosexualidad en la naturaleza?

Se ha señalado que la selección natural es muy eficaz a la hora de eliminar aquellas características que afectan negativamente a una especie pero la homosexualidad, lejos de eliminada, está ampliamente distribuida.

Esto debería desterrar definitivamente el mito de la homosexualidad como un comportamiento antinatural: es un comportamiento que sobrevive con la selección natural.

Pero ¿Cómo lo hace? En teoría estamos ante una paradoja: la persistencia de una característica que hace que los individuos no se reproduzcan o (como los hombres homosexuales casados) se reproduzcan menos.

Sin embargo, ya 1959 Hutchinson sugirió que los entonces solo supuestos genes homosexuales podrían tener mayor eficiencia biológica en estado de heterocigosis. Esto es, portadores heterosexuales de genes homosexuales recesivos podrían llegar más fácilmente a la edad adulta y engendrar más descendientes entre los cuales habría homosexuales.

E.O. Wilson aludió a otra la teoría sugerida por Herman T. Spieth, que afirmaba que los machos homosexuales de las “sociedades primitivas” podrían haber actuado dentro de ellas prestando ayuda a sus parientes heterosexuales a cuidar de su progenie. Su razonamiento recogía los postulados de Haldane que en 1932 ya había sugerido que la homosexualidad podría haber sobrevivido gracias a la selección familiar. Así, liberados de la necesidad de competir por la reproducción y cuidados parentales, podrían ayudar en cuidado de las crías de sus parientes cercanos. De este modo, los genes que favorecen la homosexualidad serían sostenibles dentro de un equilibro con la selección grupal de la familia.

Citaba como ejemplo un estudio etnográfico de Weinrich de 1976 que los homosexuales actúan como cuidadores y apoyo en las sociedades actuales de cazadores-recolectores.

Esta idea encaja bien con los postulados sugeridos por Richard Dawkins en “El Gen Egoísta” ya que afirma que mientras el gen sea exitoso no es necesario que lo sean todos sus portadores.

De modo que la presencia de individuos homosexuales que en lugar de competir con sus hermanos reproductivamente ayudaran a cuidar de los vástagos de la familia (que comparten buena parte de su dotación genética, sus “genes egoístas”) incrementaría la eficacia biológica (fitness) de todo el grupo, preservando con ello el propio potencial genético de la homosexualidad.

En este sentido, Andrea Campeiro-Ciani, de la Universidad de Padua, investigó los clanes familiares de 98 hombres homosexuales y 100 heterosexuales comparando la fecundidad de sus parientes femeninos descubriendo que las madres de hombres homosexuales tenían un promedio de 2,69 hijos mientras que las de hombres heterosexuales tenían una media de 2,32 hijos.

A su vez, entre las “albatros lesbianas” de la isla de Oahu se aprovecharon a los escasos machos supervivientes en la isla (cosa que no deja de tener su punto de ironía si tenemos en cuenta que los albatros siempre ha sido considerados un ejemplo de monogamia) criando cada año un polluelo de la misma manera que una pareja heterosexual, contribuyendo a la recuperación de la población.

Las albatros lesbianas son madres atentas

En total se han llegado a contabilizar 39 parejas de albatros hembra en Oahu entre 2004 y 2007, a las que se deben añadir otras 18 en la isla de Kauai. No está muy claro como seleccionan estas parejas a los machos, dado que los estudios demuestran que no eligen simplemente a los vecinos más cercanos ni se quedan con un único macho.

Un fenómeno similar, aunque a menor escala, se ha observado en las gaviotas homosexuales (Larus occidentalis) con un 14% de parejas de hembras frente al 31% de los albatros.

Conclusión

De todos estos datos podemos extraer que la homosexualidad es una característica zoológica bastante extendida en el reino animal que se mantiene en la selección natural.

La homosexualidad parece tener una base biológica en ciertas regiones genéticas y presencia de hormonas, lo que la hace heredable, pero también parece tener un componente ambiental en el entorno del individuo. Todavía queda mucho por estudiar.

Dentro de las comunidades y grupos los homosexuales suelen colaborar en la crianza de los ejemplares más jóvenes, hijos de sus parientes heterosexuales, sin competir con estos, incrementando la eficacia reproductiva del grupo.

De este modo, la homosexualidad parece ser eficaz gracias a la selección grupal, concretamente familiar.

Esto da al traste con mitos como que la homosexualidad no es natural (está extendida y no ha sido eliminada por la selección natural) o que los homosexuales no son capaces de criar niños (es un rol en el que son muy eficientes en la naturaleza).

 

Bibliografía:

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Archivado bajo Biología, Ciencias Sociales, Evolución

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