La Historia de la Antártida

El continente blanco, mayor que toda Europa, tiene muchas peculiaridades. En primer, lugar, no tiene población nativa, todos los seres humanos que han pasado por ella eran oriundos de otros continentes.

Además, a pesar de su magnitud, no fue descubierto por los humanos (toda la especie, no un rosario de culturas como pasó con América) hasta los siglos XVIII – XIX a pesar de que los filósofos y los naturalistas se habían imaginado que podía existir un continente en el sur llamado Terra Australis Incognita.

Por si esto fuera poco, el continente blanco está sepultado bajo el mayor casquete de hielo del planeta, rodeado por amplias plataformas de hielo y por la corriente oceánica circunantártica, la única corriente marina que atraviesa los tres grandes océanos de la Tierra y que supone el principal motor de la circulación global termohalina.

Todo esto ha dado lugar a una historia marcadamente singular.

Exploraciones exteriores

Desde tiempos clásicos se supuso la existencia de un continente sureño llamado Terra Australis. Después del descubrimiento de América, los gobiernos europeos comenzaron a financiar más expediciones en busca del supuesto continente sureño.

Como resultado de ello se descubrió Australia, la cual algunos consideraron parte del continente sureño, como podemos ver en el Atlas de Abraham Ortelius.

Una de las primeras expediciones al sur fue obra y gracia de Edmund Halley, quien dirigió entre 1699 y 1700 una expedición hacia el océano austral impulsada principalmente por el estudio del magnetismo. Parece que llegó muy cerca de la Antártida pero lo que hizo importante este viaje fueron su motivación puramente científica y los mapas que trazó que fueron útiles para los marineros durante casi un siglo, demostrando a los gobiernos que las expediciones científicas (por bien que costosas) eran muy beneficiosas.

El siguiente gran explorador del antártico fue James Cook, el cual realizó dos viajes. En 1769 recibió el encargo de navegar hasta Tahití en el Endeavour para estudiar el tránsito del planeta Venus y, secretamente, buscar el continente del sur. Durante esta expedición exploró Nueva Zelanda y Australia pero sin localizar el continente citado, por lo que concluyó que debía de ser mucho más pequeño de lo que se pensaba.

Las solicitudes de Cook para proseguir la búsqueda recibieron una respuesta positiva, por lo que partió con el Resolution y el Adventure en pos del continente desconocido con un programa de navegación que ha sido tildado de magistral y lo llevó a los 71º sur el 30 de Enero de 1774 y descubrir las islas de Georgia del Sur y Sandwich del Sur. Otro de los logros ampliamente celebrados de Cook en esta expedición fue conseguir no sufrir una sola muerte por escorbuto en su tripulación durante tres años de expedición gracias a una dieta variada de hortalizas frescas.

Antes de esto, Jean-Baptiste Boubert descubrió en 1739 la isla que lleva su nombre. Lo propio hizo en 1772 Yves-Joseph de Kerguélen-Trémanec. Sin embargo, Kerguélen no exploró en su primer viaje las tierras descubiertas y presentó un informe afirmando había descubierto unas tierras fértiles y soleadas que le valió una concesión de fondos para una nueva expedición, la cual lo obligó a reconocer su error, por lo que al volver a Francia fue destituido.

En 1820 el zar de Rusia envió a Thaddeus von Bellingshausen al mando de los navíos Vostok y Mirny en una misión equivalente a la de Cook. Siguiendo su camino, rellenó los huecos que le habían quedado a este, circunnavegó el continente y descubrió las islas de Pedro I y Alejandro. Se ha afirmado que, si se considera las plataformas de hielo parte del continente, esta fue la primera expedición en divisar la Antártida.

Sin embargo existe la leyenda de que el barco español San Telmo desaparecido en 1819 al sur del Cabo de Hornos pudo haber llegado hasta estas tierras.

Durante las siguientes décadas, la exploración de los mares del sur recibieron un empujón económico por el interés de la caza de focas y ballenas que comenzaban a escasear en el Hemisferio Norte.

Sería el capitán William Smith el que descubriría la isla Desolación y las ingentes poblaciones de focas de la zona dando lugar a una fiebre exploratoria por parte de los cazadores de estas que no fue especialmente productiva desde un punto de vista geográfico debido a sus rudimentarios instrumentos y a que no les gustaba compartir sus descubrimientos con otros cazadores.

La firma londinense Enderby Brothers, dedicada a la caza de ballenas y focas, invirtió en estas exploraciones tanto dinero que acabó en la bancarrota.

Con todo, el foquero estadounidense Nathaniel Palmer es uno de los tres candidatos a ser el primero en divisar el continente helado. Su gran rival es el capitán de la Armada Británica Edward Bransfield. Ambos divisaron, cada uno por su cuenta, las costas de la Península Antártica.

El tercer candidato es el propio Bellingshausen, que podría haber divisado esa misma zona durante su circunnavegación de la Antártica.

A partir de 1838 la ciencia volvió a ser una prioridad debido en parte a los postulados de Alexander von Humbolt con dos objetivos principales: extender al polo los descubrimientos en el norte y conseguir descubrimientos geográficos que se habían convertido en cuestión de prestigio nacional.

Sería en 1838 cuando zarparía Jules Dumont d’Urville, quien descubrió en 1840 la Tierra de Adelia (llamada así en honor de su esposa) y tomó posesión de ella en nombre de Francia.

En 1838 partió también el estadounidense Charles Wilkes con seis barcos y permaneció tres meses en aguas antárticas recorriendo 2.000 km en ellas.

Pero la expedición más importante que partió en 1838 fue la del británico James Clark Ross, quien al frente de los navíos Erebus y Terror, descubrió el Mar de Ross, la Tierra Victoria y los volcanes Erebus y Terror. Pero su gran logro fue establecer la posición aproximada del polo sur magnético.

El primer desembarco documentado fue el del foquero estadounidense Mercator Cooper el 26 de enero de 1853 en Tierra Victoria.

A pesar de ello, el interés por el continente blanco comenzó a atenuarse durante la segunda mitad del siglo XIX, en la que solo tuvo lugar la expedición del Challenger en 1874.

Las exploraciones despertaron de su letargo a finales de siglo debido al interés por la caza de ballenas y el interés de los científicos que se daban cuenta de su ignorancia de la zona y comenzaron a promover expediciones conjuntas durante el Primer Año Polar Internacional entre 1882 y 1883. En el Congreso Geográfico Internacional de 1895 se concluyó que antes del cambio de siglo debería una expedición formal a la Antártida.

Este objetivo se cumpliría con la expedición noruega de capital británico que pasó por primera vez el invierno en la Antártida en 1898.

Unos años antes, el noruego C.A. Larsen fue el primero en descubrir fósiles en la Antártida, probando que la zona no siempre había estado cubierta de hielo.

La Edad Heroica

A partir de esta expedición y el cambio de siglo, comienza una nueva fase de las exploraciones antárticas que ha sido definida como “Edad Heroica” y está llena de nombres conocidos y viajes espectaculares.

Dos fueron los elementos que marcaron el inicio de esta era: la estufa Primus y las cocinas diseñadas por Fridtjof Nadsen que permitían preparar comida y bebida calientes en largas travesías en trineo sin necesitar grandes equipajes.

Con estos dos avances los seres humanos se adentraron en la última zona que les faltaba por conocer.

Entre estos héroes antárticos hay dos nombres que sobresalen con luz propia: Robert Falcon Scott y Roald Amundsen.

Scott fue enviado por primera vez en 1900 al mando del Discovery, pero su primera gesta tuvo lugar dos años después cuando se dirigió a la isla de Ross en el mar del mismo nombre comprobando que era la mejor aproximación al Polo.

Tomando tierra junto Ernest Shackleton y Edward Wilson, descubrió que en trineo se podía recorrer mucho trayecto sobre las masas de hielo liso. Descubrieron las Montañas Transartánticas y visitaron la Tierra de Victoria donde descubrieron el primer oasis sin hielo de la Antártida.

Durante la misión, Shackleton enfermó de escorbuto y Scott lo mandó de vuelta a casa. Esto le hizo sentirse despechado y entre 1907 y 1909 consiguió liderar la Expedición Imperial Antártica Británica o Expedición Nimrod en referencia al barco. Esta expedición subió por primera vez el Monte Erebus y alcanzó finalmente el Polo Sur Magnético. Descubrieron a su vez el Glaciar Beardmore, a través del cual superaron las Montañas Trasantárticas hasta la meseta polar hasta solo 180 km del Polo Sur Geográfico. Shackleton consideró que podía alcanzarlo, pero en tal caso ni él ni sus hombres volverían con vida.

En 1910 comenzaría la epopeya más famosa de la historia de la Antártida: dos expediciones partirían decididas a conquistar el Polo Sur. Una de ellas noruega comandaba por el veterano de 1898 Roald Amundsen y la otra británica liderada por Robert Scott.

Amundsen, discípulo de Nansen, navegó al sur en el barco de este, el Fram, y utilizó como fuerza motriz perros groenlandeses. Además, Amundsen tenía claro que su objetivo era únicamente llegar al polo, plantar la bandera de Noruega y volver con vida para contarlo.

Amundsen y Scott

Por su parte, Scott navegó al sur con el Nova Scotia y empleó como fuerza motriz una combinación de perros, ponis y hombres. A su vez, dio mucha importancia a las observaciones científicas (se han aplaudido los estudios que realizó). Ello implicó una espantosa travesía que inspiró a uno de sus compañeros, Apsley Cherry-Garrad el título del libro “El Peor Viaje del Mundo”, considerado un clásico por algunos.

Amundsen se hizo con la victoria al alcanzar el Polo Sur el 14 de diciembre de 1911 y plantó la bandera noruega. El 17 – 18 de enero de 1912 Scott y sus cinco acompañantes llegaron al lugar y encontraron la bandera de Amundsen.

Desmoralizados por la derrota y acusando la mala planificación, los cinco perecieron en el viaje de vuelta.

Por aquel entonces comenzaron las reclamaciones territoriales con las “cartas de pasantes” británicas, que se quedaron en nada.

Entre 1911 y 1914 sería Douglas Mawson quien dirigiría una expedición al antártico dirigida completamente a la investigación científica pero que le daría una gran ración de aventuras cuando perdió a sus dos compañeros y buena parte de los víveres y tuvo que regresar a la base él solo.

En 1914 Shackleton volvería con el objetivo de realizar un viaje transcontinental cruzando la Antártida por la vía del polo, misión que no conseguiría debido a la enorme cantidad de problemas e imprevistos. El viaje transantártico sería conseguido n 1958 por Edmund Hillary, conquistador del Everest.

Durante los años 20 del siglo pasado la aviación llegó a la Antártida, siendo el australiano Hubert Wilkins y el estadounidense C.B. Eielson los primeros en utilizar aviones durante la expedición de 1928 – 1929. Al año siguiente Wilkins (quien había sido el primero en aterrizar en la Antártida en 1928) volvería para volar desde la Isla Decepción hasta el Mar de Ross.

La primera expedición noruega sería en 1929 – 1930 sobre la Tierra Enderby.

Las Disputas Políticas

Los exploradores tenían costumbre de tomar posesión de las tierras que descubrían para sus países, además de emprender sus expediciones para honrarlos. La carrera entre Amundsen y Scott, por ejemplo, estuvo marcada por su tono patriótico.

Pero sería Reino Unido el primero en reclamar la posesión de un sector antártico en 1908 al reclamar el sector de las Falckland.

En 1923 Nueva Zelanda reclamaría su propia zona y en 1924 Francia reclamaría una parte de la Tierra de Adelia. Y en 1929 Noruega reclamaría la Isla de Pedro I. Sería en 1933 cuando Australia delimitaría el basto Territorio Antártico Australiano. En 1937 Noruega ampliaría sus reclamaciones territoriales.

Las dos guerras mundiales paralizarían la exploración antártica pero también comenzarían a subir las tensiones. De hecho, antes del inicio de la II Guerra Mundial, un avión alemán dejó caer marcadores con esvásticas a través de la Tierra de Maud que habían reclamado los noruegos para realizar una reclamación territorial.

En 1940 Chile delimitaría su Territorio Antártico, que se superponía con el británico. Estableció una base en 1947 y otra en 1948 que sería inaugurada personalmente por el presidente chileno Gabriel González Videla, primer gobernante que visitó el continente.

En 1943 sería Argentina la que realizaría su propia reclamación en la Península Antártica superponiéndose con las reclamaciones británicas y chilenas.

Durante la II Guerra Mundial los británicos realizaron varias operaciones en la zona y llegaron a temer que los japoneses intentara arrebatarles las Malvinas. En cierto modo, la Península Antártica se había convertido en objeto de disputa donde se produjeron escaramuzas entre británicos y argentinos.

Durante la Guerra Fría los EEUU no realizaron ninguna reclamación formal pero la Unión Soviética manifestó su interés en la zona.

Tratado del Antártico

Esta situación comenzaría a cambiar en 1957 cuando los científicos de todo el mundo convocaron un Año Geodésico Internacional (AGI) con el objetivo prioritario de coordinar los estudios de la atmósfera superior, siendo la Antártida una región especialmente favorable.

El AGI fue un éxito clamoroso y los políticos no tardaron en sacar partido de la amistad o cooperación entre las naciones como una forma de resolver conflictos. Esto llevaría a la firma el 1 de diciembre de 1959 del Tratado de la Antártida que fue puesto en marcha oficialmente el 23 de junio de 1961.

Los firmantes originales fueron:

  • Argentina.
  • Australia.
  • Bélgica.
  • Chile.
  • Francia
  • Japón.
  • Nueva Zelanda.
  • Noruega.
  • Suráfrica.
  • Unión Soviética.
  • Reino Unido.
  • Estados Unidos.

Se ha ido ampliando y actualmente incluye unas 46 partes firmantes.

Se trata de un acuerdo único, ya que en plena Guerra Fría desmilitarizó la Antártida y paralizó todas las reclamaciones territoriales, dando prioridad a la cooperación internacional y la investigación científica.

Tras su ratificación en 1963 el Tratado se mantiene de forma indefinida.

Más tarde se le añadiría el Protocolo de Madrid que designa a la Antártida como reserva natural consagrada a la paz y la ciencia. Hace que la protección del medio ambiente y sus ecosistemas asociados deberán considerarse fundamentales.

Esto no ha hecho desaparecer las tensiones, que se han mantenido entre Argentina y Reino Unido pero sin llegar a estallar.

Actualmente, la inmensa mayoría de la presencia humana en la Antártida tiene como objetivo la investigación científica sin una explotación de los recursos del propio continente. Pese al escepticismo con que a veces se contemplan estos acuerdos, el Tratado de la Antártida sigue cumpliendo su cometido.

Hasta el presente, la población “residente” del continente helado ha sufrido fluctuaciones con los años. En 1958 893 seres humanos pasaron el invierno en la Antártida, número que se redujo a 651 en 1961 pero alcanzó nada menos que 1145 en 1990, alcanzando un total de 8340 almas entre científicos y personal de apoyo durante todo el año.

Con todo, existe una industria del turismo que comenzó en 1956 con un vuelo chileno de 74 participantes (66 pasajeros y 8 tripulantes). Los viajes por mar llegaron en 1974 – 1975 a la cifra de 4929 clientes pero la cifra se había reducido a 830 en 1983 – 1984. Los vuelos llegaron a llevar en 1978 – 1978 a 5051 personas pero ese mismo año se produjo una tragedia cuando un avión de Air New Zealand se estrelló en el Monte Erebus, poniendo fin a esta industria.

La industria de los cruceros sigue activa y supone la segunda actividad humana en la zona después de la investigación científica.

Otra actividad económica que prosigue en la Antártida es la caza de ballenas por pare de Japón. La supuesta flota científica sigue operando a pesar los fallos desfavorables de los tribunales continentales y de la creciente oposición interior donde el mercado está en declive, el gobierno nipón se aferra a la caza aduciendo motivos culturales.

Por lo demás, la Antártida sufre como todo el mundo los efectos del cambio climático, cosa que quedó patente cuando en marzo de 2002 el Iceberg B–22 de 5.500 km2.

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Archivado bajo Ciencias Sociales, Ecología, Geografía y Cartografía

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