Los Dinosaurios no eran tontos

Recuerdo cuando era pequeño. En aquella época aún se pensaba en los dinosaurios como en unos monstruosos lagartos de cerebro minúsculo y naturaleza obtusa que se movían torpemente y eran reconstruidos con características netamente “reptilianas” muy propias de los escamosos.

La revolución que nos ha llevado a la visión moderna de los reptiles temibles como seres mucho más cercanos a las aves, enérgicos y mucho más inteligentes de lo que se pensaba me cogió en la infancia (aunque todavía flipo al comparar las reconstrucciones actuales de Deinonychus con las de cuando yo era un crío).

Más violenta fue la opinión que el maestro Stephen Jay Gould conoció en su juventud y que en un excelente ensayo describió como que a todos los animales grandes se les consideraba menos inteligentes, a los dinosaurios se les definía directamente como estúpidos y se les negaba el poder físico propio de un gigante. Al contrario, se los tenía por seres torpes de sangre fría que a duras penas se movían. La opinión del maestro Gould tiene un fallo: la idea de los animales grandes como faltos de luces choca con la visión del más grande de todos, la ballena.

La relación entre el cuerpo y el cerebro del Stegosaurus ejemplifica gráficamente la idea de la falta de luces

Pero, a la postre, Gould señala en su ensayo que los cerebros de los animales se desarrollan a un tercio de la velocidad del resto del cuerpo y que los animales pequeños tienen cerebros más grandes en relación al resto del cuerpo que los animales mayores. Considerando esto, los cerebros aparentemente pequeños de los dinosaurios estarían dentro de los rangos necesarios para sus cuerpos mayoritariamente ciclópeos.

Ya en 1980, el naturalista James A. Hopson de la Universidad de Chicago realizó un estudio sobre coeficiente de encefalización de diversas variedades de dinosaurios sobre la curva de tamaño reptiliana descubriendo que estaban mayoritariamente sobre la curva esperable, encontrándose varios grupos de dinosaurios por encima.

Pero a día de hoy los “reptiles” no son un grupo muy sólido desde el punto de vista evolutivo y nuestra visión de los dinosaurios ha pasado de la antigua idea escamosa a una más aviana. Sin embargo, Hopson tuvo un gran acierto en señalar como nivel de referencia a los parientes más cercanos de los dinosaurios entre los reptiles, los cocodrilos. Esto ha dado a su trabajo un amplísimo recorrido, siendo desde entonces un referente en las consideraciones sobre el cerebro de los dinosaurios.

Sus pescudas señalaron que los dinosaurios con menor EQ fueron los tremendos saurópdos con un 0,2 – 0,35, al final de sus largos cuellos había un cerebro del tamaño de una nuez cuya relación en peso con todo el cuerpo era de 1:100.000.

Les siguen los dinosaurios acorazados como los Ankylosurus y Stegosaurus con 0,52 y 0,56. Fuertemente acorazados, no debían de tener muchos enemigos.

Los ceratópsidos con sus cuernos y sus collares van de 0,7 a 0,9. Esto ya nos habla de un comportamiento más complejo, gregario, con jerarquías y las especuladas formaciones defensivas. Para defenderse, los ceratópsidos tenían que ir al ataque y presumiblemente en equipo.

El rango de Hopson

Mayor rango de EQ muestran los ornitópodos, donde podríamos meter a los iguanodóntidos, los hypsilophodóntidos, hadrosaurios o los pchycephalosauridos. Iban desde 0,85 a 1,5. Debemos tener en cuenta que estos dinosaurios no eran más grandes que los depredadores ni estaban acorazados ni armados (con la excepción del pulgar del Iguanodon y familia). Su supervivencia dependía de sus manadas y su capacidad de escapar o evitar a sus enemigos, para lo cual contaban con mayor libertad de movimientos y gracilidad. Además, se han encontrado nidos y pruebas de cuidados parentales y gregarismo.

Además, se pueden inferir cosas de su anatomía: las cabezas gruesas de los Pachycephalosaurus se considera que servían para los combates de machos (a cabezazos) y las crestas huecas de los Parasaurolophus podrían tener una función acústica para avisar de la presencia de enemigos o para competiciones acústicas entre machos.

Un interesante caso lo tenemos la caja cerebral de un Iguanodon bastante bien conservada gracias a la cual hemos podido conseguir un molde de su cerebro mostrando que tenía un sentido del olfato muy desarrollado.

El cerebro del Edmontosaurus era en general similar y muestra un relativamente alto EQ.

Los grandes carnívoros ivan del 1 al 1,9. No es extraño si tenemos en cuenta que los depredadores tienden a ser más inteligentes que los herbívoros: el cazador tiene que ser más listo que su presa.

En 2002 Rebecca Wright del departamento de Geociencias de la Universidad de Arizona repitió el experimento de Hopson comparando dinosaurios y aves descubrió que terópodos como el Allosaurus o el Tyrannosaurus tenían un EQ en un rango muy similar a las avestruces y emúes, con los ornitópodos justo después.

A esto debemos añadir el hecho de sus grandes cuencas oculares dirigidas hacia delante, lo cual nos da a entender que tenían visión binocular. Sobre la vista de los dinosaurios hay bastante de decir: nunca sabremos cómo veían el mundo pero la mayoría de las aves, que son sus parientes más cercanos, tienen visión en color y más aguda que nosotros. Los halcones tienen ocho veces más células que los humanos y no es descartable que algunos dinosaurios tuvieran también esa aguda visión del mundo.

También carecían de pabellones auditivos y escuchaban a través de orificios situados tras los ojos, de forma parecida a las aves actuales.

El récord lo tenían los dromaeosáurios (garras terribles) y los troodóntidos, rondando un 5,8 de EQ. Esto los pondría a la par con aves como el casuario, lo que nos hace pensar en una forma de vida bastante versátil.

Garras terribles como los Deinonychus se cree que eran cazadores sociales que podían coordinarse a través de sonidos (se cree que hacían algo parecido a piar) y a través del lenguaje corporal. Estos grupos debían de estar jerarquizados pero sobre la naturaleza de esta jerarquía solo podemos especular.

Probablemente emplumado, el Troodon tenía el mayor EQ

El Troodon se considera que fue el dinosaurio más inteligente, con un EQ estimado de 6, sus grandes ojos y su cuerpo veloz. Estaba estrechamente relacionado con las aves y su reconstrucción actual es bastante aviana, suponemos que se trataba de un animal con plumas, garras, dientes y grandes ojos. Su comportamiento debió de ser muy sofisticado. Se ha supuesto que acechaba presas más pequeñas pero es posible que fuera un cazador versátil e incluso que fuera omnívoro. También se ha discutido sobre si formaban parejas monógamas como las águilas o si los machos se exivían como los pavos reales, es algo hasta lo que no podemos llegar.

Sin embargo, no todo son rosas para el cerebro del Troodon, ya que en un artículo para Encyclopedia of Neuroscience, Harry Jerison estimó para el Troodon un volumen cerebral de 20 ml para un cuerpo de 45 kg, lo que situaría en un nivel alto entre los “reptiles” pero por debajo de las aves. Estos resultados no son compartidos por Rebekah Wright, que situa al Troodon entre las aves más inteligentes.

Una estimación similar se hizo para el Archaeopteryx comparándolo con los modernos cuervos que son, junto a los loros, las aves de mayor inteligencia y descubrió que frente a un cuervo de 1,2 kg con un cerebro de 15 g y un guacamayo de 1,4 kg y un cerebro de 24 g, el “fósil transicional” parecía presentar un cerebro de 1,5 g para un cuerpo de 400 g. La conclusión sería que, de una forma similar a los mamíferos, las aves más antiguas mostraban menores cerebros que las posteriores.

Recientemente se ha alcanzado un enfoque más sofisticado sobre el cerebro de los dinosaurios cuando Erich Jarvis y sus colegas de la Duke University realizaron mapas funcionales de los cerebros de cocodrilos y aves. Utilizando técnicas de etiquetado genético, fueron capaces de trazar un mapa con las regiones auditivas u olfativas. Entonces, combinando lo que sabían sobre los cerebros de aves y cocodrilos trazaron un mapa del cerebro de los dinosaurios.

División y comparación del cerebro de los dinosaurios

En base a esto, el cerebro de los dinosaurios contenía seis regiones. Una de ellas, el mesopalio, estaban envuelta en procesamiento de información, comportamientos complejos y aprendizaje y generación de sonidos. En esta estructura cerebral se detectan elementos de los cerebros de animales modernos, con la estructura común de numerosos tetrápodos.

Pero el EQ y el cerebro no lo son todo. Los dinosaurios nos han dejado algo más que sus huesos, sus huellas por ejemplo. Y estas huellas nos muestran grupos de dinosaurios moviéndose juntos e incluso huellas de depredadores persiguiendo a sus presas de una forma que parece ser activa.

En conclusión, podemos afirmar que la leyenda de los dinosaurios como seres torpes y faltos de inteligencia es solo eso, una leyenda. Los dinosaurios de carne y hueso incluían animales enérgicos capaces de comportarse de forma sofisticada y versátil.

Tampoco vamos a afirmar que fueran capaces de resolver integrales, ni que fueran tan inteligentes como los loros o los delfines, pero no eran estúpidos.

Muchas veces se ha invocado su larga supervivencia como prueba de sus capacidades. Pero eso fue prueba de su eficacia biológica en conjunto, una eficacia biológica de la que formaba parte un intelecto mucho mayor del que pensamos.

 

Bibliografía:

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