Plesiosaurios filtradores

Los plesiosaurios (“casi lagartos”) han sido durante mucho tiempo los reptiles acuáticos más icónicos del Mesozoico, considerados como los mayores “dinosaurios marinos” y su representante más conocido, Elasmosaurus, fue el prototipo del “Monstruo del Lago Ness”. El progreso de la ciencia determinó que no se trataba de dinosaurios sino de un grupo diferente de diápsidos y en el lago escocés no se ha encontrado nada.

Sin embargo, los plesiosaurios recorrieron los mares durante millones de años junto a toda clase de otros “reptiles”, tiburones o ammonites al mismo tiempo que los dinosaurios hacían lo propio en tierra.

Hace mucho tiempo leí una interesante comparación entre los plesiosaurios y sus parientes pliosaurios: “Los primeros tenían el cuello largo y la cabeza pequeña, mientras que los segundos tenían corto y la cabeza grande. Aunque hubo plesiosaurios gigantescos, como el Elasmosaurus, sólo los mayores podían capturar peces de mediano tamaño. Sus pequeñas mandíbulas no servían para sujetar presas mayores.”

Este comentario me ha vuelto hace poco a la cabeza porque recientemente se ha descubierto que algunas variedades de plesiosaurios descubiertos en la Antártida llevaron esta tendencia hasta las últimas consecuencias: se trataba de animales filtradores como las ballenas.

El ejemplar por excelencia es Morturneria seymourensis, descubierto en sedimentos cretácicos de la isla Seymour en la Antártida en 1984 por Sankar Chatterjee (conservador del Museo de Texas) y su alumno Bryan Small.

En un primer momento clasificaron a este animal dentro del género Aristonectes, que a su vez era clasificado dentro de la familia de los cliptocleidos. Sin embargo la clasificación se ha alterado, separando a Morturneria en su propio género dentro de la familia de los aristonéctidos, que se caracterizan por sus cuerpos robustos y sus cráneos muy especializados.

En su momento, reconocieron que este animal tenía una dentición muy diferente a la de los restantes miembros del linaje de los plesiosaurios pero todavía no supieron explicar el fenómeno. Una investigación más reciente en la que han participado Chatterje, científicos argentinos y chilenos nos ha permitido comprender un poco mejor a este animal

Según Chatteje: “Los dientes de la mayoría de los plesiosaurios son cónicos, fuertes, robustos y afilados, ideales para atrapar y matar grandes animales… pero los alargados, esbeltos y delicados [de Morturneria] podrían haber formado una trampa para los pequeños peces y crustáceos…”.

También el paleontólogo chileno Rodrigo Otero, coautor del estudio, señala: “Este animal tenía cincuenta dientes en cada lado de la mandíbula a diferencia de los otros plesiosaurios que no tienen más de veinte. Pero pese a que su dentadura era más numerosa, esta no le permitía morder o agarrar sus presas porque sus dientes eran curvos en las puntas en sentidos opuestos, por lo que se entrelazaban”.

Estos dientes, por consiguiente, no se encontraban sino que encajaban entre ellos formando una especie de red.

Además, tenía un cráneo muy aplanado y presentaba un paladar con una protuberancia en la parte central y su paladar estaba carenado formando cámaras bucales laterales arqueadas que aumentaban su capacidad bucal, lo cual implicaba más agua para filtrar.

Otero lo compara con las ballenas grises.

En resumen: Morturneria contaba con una gran boca con la que engullía gran cantidad de agua que a continuación filtraba con su batería de dientes engarzados. Sus presas eran animales muy pequeños, pececillos y crustáceos que ocupaban el nicho que ahora ocupa el krill. No debía de ser un nadador muy rápido ya que esta forma de depredación no requiere mucha velocidad, aunque es probable que realizara grandes migraciones y fuera un habitante del mar abierto.

Al mismo tiempo, su pariente Aristonectes era un animal mayor que Morturneria (la calavera del holotipo mide 32-33 cm) pero tenía una dentición similar que se ha comparado con la de la foca cangrejera, que es una cazadora antártica de Krill. En gran medida, parece que también se trataba de un cazador de presas muy pequeñas.

De hecho, también recientemente se ha determinado que su cráneo era menos alargado que el de otros plesiosaurios y presentaba mayor cantidad de alveolos del premaxilar, maxilar y mandíbula, adaptación que también habla de una mayor capacidad bucal. José P. O’Gorman, responsable del estudio, considera que esta circunstancia estaba relacionada con un cambio de presas hacia peces de menor tamaño o plancton y un cambio “de emboscada a captura simultánea de presas múltiples”.

Mortuneria

En resumidas cuentas, los plesisaurios aristonectidos eran un grupo de plesiosaurios emparentados con el famoso Elasmosaurus pero de cuerpo y, sobretodo, cráneo más robusto con una dentición más fina y numerosa que formaba un tamiz que les permitía filtrar presas de pequeño tamaño de una forma análoga la de las ballenas filtradoras.

Un caso de convergencia adaptativa realmente interesante que a su vez nos demuestra la eficiencia y amplia distribución biológica del estilo de vida basado en la filtración de grandes cantidades de agua.

Habitantes de las aguas del sur de Gondwana que luego serían las aguas del cono sur y la Antártida (también se han encontrado fósiles relacionados como Kaiwhekea en Nueva Zelanda), debieron de ser nadadores de grandes distancias (Aristonectes significa “El Mejor Nadador”).

Bibliografía:

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