Antarctilamna, ventana al origen de los tiburones

“El registro fósil de los tiburones es tres veces más extenso que el de los dinosaurios… su árbol genealógico se remonta a 450 millones de años… si pudiéramos transportarnos a esa época lejana los tiburones serían una de las pocas visiones familiares que tendríamos en un mundo de organismos extraños” decía John G. Masey allá por 1989.

Este comentario, a mayores de explicar porque los tiburones recibieron un trato poco menos que vejatoria en Caminando entre Dinosaurios, nos da una idea del tiempo que estos seres llevan nadando por los mares.

Lo que sucede es que los tiburones, con sus esqueletos cartilaginosos (que es un carácter derivado y no heredado de antepasados sin huesos) dejan tras de sí fósiles fragmentarios formados fundamentalmente por sus dientes y sus escamas (dentículos dérmicos) que complican bastante su reconstrucción

Así, los restos más antiguos como Elegestolepis (420 millones de años) y Leonodus (400) solamente los conocemos a partir de restos de escamas y dientes respectivamente. Tenemos claro que se trataba de tiburones pero no sabemos casi nada sobre cómo eran o se comportaban, se los define como “nombres sin rostro”. Sin embargo, disponemos de un animal inmediatamente posterior que nos ha dejado bastantes más restos para interpretar su estructura: Antarctilamna.

Conocemos a esta criatura gracias a una gran cantidad de restos entre los cuales la joya de la corona es una caja craneal descubierta en Nueva Gales del Sur, Australia, que ha sido datada en 380 millones de años. A ella hemos de añadir dientes, escamas, espinas dorsales e incluso restos de fósiles que parecen corresponder a juveniles.

También se han descubierto colecciones de restos en la Antártida, Bolivia, Suráfrica, Arabia Saudí o España. La identificación del género Wellerodus como un sinónimo de Antarctilamna ha incrementado considerablemente la cantidad de restos y la distribución de este animal.

¿Qué nos dicen los restos de este animal? Pues hay bastante polémica. En general se ha discutido si está más cercanamente emparentado con los xenacántidos o con los ctenacántidos,

Tiene en común con los primeros tener una gran espina ósea ante una larga aleta dorsal y dientes con dos puntas (forma de definida como diplodonto) y con los segundos que sus espinas de las aletas son cilíndricas y ornamentadas con una única línea de dentículos. También se lo ha comparado con otros tiburones posteriores como Doliodus.

Sin embargo hay una idea relativamente clara que Antarctilamna era un tiburón de caracteres muy poco derivados respecto al tronco basal de los tiburones.

En base a estos postulados se ha discutido ampliamente el aspecto y entorno de este tiburón.

La primera interpretación lo sitúa dentro del grupo de los xenacántidos: un grupo de tiburones con una forma alargada similar a la de las anguilas que eran habitantes de agua dulce. En este sentido, la mayor parte de los restos de Antarctilamna han sido localizados en depósitos de aguas dulces donde la forma alargada con una cola estrecha sería muy útil para moverse.

Por el contrario, los ctenacántidos tenían una forma más similar a la de los tiburones modernos con un cuerpo robusto, dos aletas dorsales separadas frente a las cuales tenían una espina y una cola bifurcada. Sin embargo, sus dientes tenían varias cúspides en contraposición a las dos cúspides de los dientes de Antarctilamna.

Se considera probado que Antarctilamna tenía una espina frente a la aleta dorsal.

También alcanzaba unas dimensiones considerables: el arco mandibular del holotipo Antarctilamna ultima medía 15 cm, multiplicando por 7 (comparación basada en el juvenil llamado AM5741) conseguimos que medía 1 m de largo y el descubrimiento de dientes aislados en Waterloo Farm cinco veces mayores que los del holotipo siguiere que podrían llegar a medir varios metros de largo.

La gran mayoría de restos de este animal han sido encontrados en yacimientos de aguas dulces pero se han encontrado restos en entornos de influencia costera. Además, los restos de la familia de Antarctilamna se encuentran principalmente en el continente de Gondwana en el devónico inferior pero se extiende a todo el mundo a partir del devónico medio.

Presunto ejemplar juvenil “AM5741”

El ejemplar AM5741 se considera nada menos que un juvenil de Antarctilamna debido a su pequeño tamaño, gran cabeza, enorme espina de aleta dorsal y una mineralización incompleta en su columna vertebral. Muestra dos aletas dorsales triangulares separadas, la primera precedida por la espina y más grande. También muestra aletas pélvicas y concavidades laterales, lo cual va en contra de la forma de anguila xenacántida y a favor de la forma de tiburón.

No tenemos forma de saber si eran sensibles a los campos eléctricos.

Con todo esto podemos suponer que Antarctilamna era un tiburón antiguo con una forma relativamente similar a la de sus parientes modernos pero con una cola menos diferenciadas, dos aletas dorsales con una espina similar a la de los modernos tiburones cornudos, aletas pectorales más similares a las de los peces óseos, boca en posición final y grandes ojos. Alcanzaba grandes dimensiones.

No está del todo el claro el entorno que le era propio pero la localización de sus fósiles da a entender que se sentía cómodo en aguas dulces de ríos y lagos, aunque parece que también era capaz de sobrevivir en los estuarios e incluso moverse por el mar (cosa que explicaría su amplia distribución).

Esto nos sugiere que se trataba de un animal eurihalino, asociado a entornos costeros y continentales, en contraste con sus modernos descendientes que son todos de agua salada.

Hay consenso en que Antarctilamna tenía muchas características comunes con los tiburones basales a los que no somos capaces de reconstruir, se lo considera muy cercano al tronco original de los tiburones e incluso se piensa que podría ser el antepasado común de todos los tiburones modernos, honor que anteriormente se le concedía a Cladoselache, 30 millones de años posterior.

Por ello, dadas las homologías, xenacántidos y ctenacántidos sería entonces los grupos posteriores más conservadores.

Sobre su ecología, en las formaciones Floresta y Cuche del Macizo de Floresta (Colombia) se han identificado restos de Antarticlamna junto a restos de acantodios (“tiburones espinosos”), placodermos y otros peces óseos en un entorno asociado a una transgresión y posterior regresión del mar que nos sugiere un ambiente costero dibujado por la marea.

Ello nos vuelve a situar en la pista de un animal costero, eurihalino y aficionado a aguas poco profundas. En este entorno, marcado por la presencia de peces de grupos que actualmente están extinguidos, Antarctilamna pudo ser uno de los principales depredadores.

Así que podemos asumir que el tiburón más antiguo que podemos acercarnos a reconstruir era bastante diferente de los que conocemos en su forma y medio ambiente, pero reconocible como un tiburón y con un estilo de vida depredador que no podemos descartar que fuera relativamente refinado que cazaba otros peces (como acantodios y placodermos). Su forma de reproducción debió de estar asociado a la fertilización interna y probablemente eran ovíparos.

Reconstrucción más completa

Es posible que fuera una de las criaturas más sofisticadas de su época (se ha dicho que “los primero tiburones eran las criaturas más evolucionadas del mundo”).

Lo que sabemos sobre él nos da a entender que es probable que los tiburones se originaran en el hemisferio sur, asociados probablemente a ambientes de agua dulce (lo que es un contraste con los ejemplares modernos) y con un estilo de vida y una forma similares a los modernos.

Bibliografía:

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