Terra Australis Incógnita, el continente que sí existía

La leyenda de Terra Australis Incógnita (“La Tierra Desconocida del Sur”) es quizá el mayor caso de cartografía hipotética y tuvo un amplio recorrido tanto en la cartografía como en las exploraciones del Mundo y que, conforme ambas progresaban, afrontó un desarrollo muy diferente que otros continentes teóricos como la Atlántida o Lemuria.

La primera noticia que tenemos de esta idea se atribuye a Aristóteles, quien en su Meteorológica sostenía:

“Dado que debe existir una región que tenga la misma relación con el polo Sur que el lugar donde vivimos con relación al polo Norte, se corresponderá en el orden de sus vientos y en otras cosas.”

Aristóteles consideraba que la Tierra era el centro del universo y todo basculaba sobre su cuerpo. Por ello para compensar el peso las tierras septentrionales que eran las que conocían los griegos clásicos debían de existir tierras meridionales de un tamaño equivalente.

Presencia en la cartografía teórica

Este punto de vista inspiró un siglo más tarde a Crates de Malos cuando realizó la primera esfera de la Tierra con influencia tanto de Aristóteles como de Eratóstenes. En ella representaba cuatro continentes: el Oecumene o mundo conocido (similar al Mapa de Eratóstenes), Perioeci (hipotético contrapeso en el Norte), Antípodas (al sur del anterior) y Anteoeci (contrapeso sureño al mundo conocido, podría considerarse la supuesta Terra Australis).

Ya en el siglo II después de Cristo, sería el astrónomo y geógrafo Claudio Ptolomeo el que llevaría a la culminación de la geografía clásica con una amplia compilación geográfica. Las obras de Ptolomeo y otros autores clásicos solo nos han llegado a través de las interpretaciones de los copistas medievales e islámicos (de hecho, el término utilizado para referirnos a ella, Almagestum, deriva del árabe Al-Magisti), de modo que debemos tomárnoslas con mucho cuidado. Pese a ello, se considera la obra de Prolomeo el primer atlas global con cuatro mapas de África, diez de Europa, doce de Asia y un mapamundi.

La esfera de Crates de Malos

En este último, Ptolomeo se hizo eco de la teoría Aristotélica de la Terra Australis Incógnita, que rodeaba el Océano Índico junto a África y Asia.

La caída de Roma y la llegada de la Edad Media trajeron el final de la cartografía científica clásica, que fue reemplazada en la Alta Edad Media por una cartografía simbólica y religiosa. En esta nueva visión de la geografía y el Mundo, Terra Australis Incógnita cayó en el olvido.

Una interesante excepción a esta tendencia la tenemos en el “Comentario al Apocalipsis” de Beáto de Liébana (siglo VIII) donde afirma la existencia de tres continentes conocidos: Europa, África, Asia y una parte desconocida denominada “Terra Incógnita” donde aparece una “T” dentro de la “O”.

Pero la Baja Edad Media trajo un renacimiento de una cartografía más práctica con la tradición de los portulanos. Esta nueva cartografía bebía tanto de las exploraciones emprendidas por los europeos como del legado clásico que tenía su máxima expresión en la obra de Ptolomeo, que transmitió la idea de la Terra Australis Incógnita al pensamiento renacentista.

La primera gran expedición europea del portugués Bartolomé Dias navegando el cabo de Buena Esperanza solo empujó el continente al sur.

Las potencias ibéricas se lanzaron a explorar el mundo con éxitos como el descubrimiento de América en 1992 o la llegada a la India en 1998 y sus cortes comenzaron a impulsar la cartografía para comprender sus dominios.

Durante el dominio de los Austrias el Imperio Español contó con grandes escuelas cartográficas tanto en España como en Flandes y sería en esta última donde el legado de Ptolomeo una mayor influencia.

Se atribuye al polímata alemán Johannes Schöner la primera representación de la Terra Australis en su globo perdido de 1523. En 1533 la llamó Brasilia Australis en su Opusculum geographicum:

“Brasilia Australis es una región inmensa hacia el Antártico, recientemente descubierta, pero no explorada totalmente que se extiende hasta Melacha y algo más allá. Los habitantes de esta región llevan una vida buena y honesta y no son antropófagos como otras naciones bárbaras; desconocen la escritura y no tienen reyes, pero veneran a sus mayores y les obedecen; dan a sus hijos el nombre Tomás”.

A partir de eso, Terra Australis Incógnita comenzó a aparecer de forma regular en los atlas y Orbis Terrarum como los de Mercator, Wytfliet (1597), Ortelius (1589) o Hernando de Solís.

Mapa de Ortelius con Terra Australis

Sin embargo, Terra Australis no se convirtió en un consenso entre los geógrafos y podemos encontrar Orbis donde el polo sur aparece representado como un océano como el de Nicolas Visscher (1665).

El concepto del continente austral también se incorporó a obras literarias como La Découverte australe… (Descubrimientos australes…) de Restif de la Bretonne, un presunto cuaderno de viaje tan persuasivo que convenció a muchos de su veracidad.

También tenemos la obra distópica el obispo y autor de sátiras Joseph Hall, Mundus alter et ídem sive Terra Australis de 1605. Un sátira al estilo de Juvenal del Londres de la época en la que tripulación del Fantasía dirigida por Mercurius Britannicus visita las tierras de Crapulia (habitada por glotones), Viraginia (viragos), Moronia (locos) y Lavernia (ladrones).

Expediciones hacia el océano austral

Desde la recién colonizada Sudamérica, los Austrias comenzaron a buscar Terra Australis patrocinando varias expediciones.

La primera tuvo lugar en 1567–1568 comandada por Álvaro de Mendaña y Sarmiento de Gamboa. Una pareja capacitada pero mal avenida que descubrió las Islas de Salomón. A continuación, Sarmiento de Gamboa sugirió seguir hacia el sudoeste pero Mendaña prefirió buscar la ruta de Urdaneta. Se ha afirmado que de haber seguido la sugerencia del pontevedrés podrían haber descubierto Australia.

En 1595 Mendaña volvió a partir, concentrando su exploración en el Arco de Fuego del Pacífico.

Y en 1605–1606 Fernández Quirós, portugués que había ocupado el lugar de Sarmiento en la anterior expedición, logró el apoyo de la Corona Española para una nueva expedición tras encontrar unas interminables dificultades burocráticas.

Mapa de Visscher sin Terra Australis

La expedición, en la que parece que Quirós estuvo un tanto quijotesco, llegó una gran isla que confundieron con el continente del sur y llamaron Australia del Espíritu Santo, fundando la ciudad de Nueva Jerusalén y la orden de caballeros del Espíritu Santo. Sin embargo, el lugar descubierto actualmente es conocido como Vanatú en las Nuevas Hébridas.

Después de esto, la actividad exploradora española decayó bajo el mandato de los Austrias menores, que concentraron sus actividades coloniales en la consolidación.

Sin embargo, existe otra historia un tanto difusa datada en esa época: la de Java la Grande. En sus libros Marco Polo nos habla de la isla Java la Grande que estaba al sur de la Pequeña Java (Sumatra). Las traducciones hicieron algo confusa la geografía y los cartógrafos como Dieppe añadieron una isla enorme a Terra Australis.

Un mapa de Nicholas Vallard (de la escuela de Dieppe) datado en 1547 representa la isla y da a entender que el imperio comercial portugués se extendía hasta ella hasta el punto que uno de sus propietarios llegó a afirmar que se trataba del primer mapa de Australia.

La desaparición de este conocimiento podría achacarse al terremoto que asoló Lisboa en 1755.

Durante los siglos XVII y XVIII holandeses e ingleses reemplazaron a los españoles como los principales exploradores.

Sería en 1642 cuando Abel Tasman descubrió Nueva Zelanda y Tasmania. A partir de entonces la historia de Terra Australlis se confundió con la exploración de Australia, que los holandeses llamaron Nova Hollandia.

En 1767 el mapa Emanuel Bowen incluye el comentario de que “Es imposible concebir un país más prometedor por su situación que este de Terra Australis; que ya no es incógnita”.

El viaje del capitán Cook en 1770 demostró que, de existir otro continente más al sur, sería más pequeño de lo supuesto y estaría atrapado bajo las interminables capas de hielo australes.

Mapa de la hipotérica Terra Australis

Finalmente, en 1814 Matthew Flinders publicó a Voayage to Terra Australis (Un Viaje a Terra Australis) en el que pone en duda la existencia del continente aristotélico: “No existe la posibilidad de que se llegue a encontrar en latitudes más meridionales otra masa de tierra aislada de una extensión semejante; el nombre de Terra Australis quedará como el que describe la importancia geográfica de este país, y de su ubicación en el globo…”.

Así, los británicos dieron el nombre de Australia al nuevo continente del que habían desplazado a los holandeses y asumieron que la búsqueda de la mítica Terra Australis había llegado a su fin.

Pero en 1820 la expedición rusa capitaneada por Thaddeus von Bellingshausen cerró los huecos que había dejado Cook e incluso llegó a avistar las costas del continente blanco.

Con ello se abrió una nueva etapa en la historia de Terra Australis ya buscando el polo sur, con una gran masa de tierra que (aunque mucho menor en tamaño de lo que habían supuesto los geógrafos) estaba situada justamente donde los filósofos griegos habían supuesto.

En la actualidad muchos consideran a Terra Australis como una suposición acertada de la existencia de la Antártida. De hecho, la idea de la existencia de la primera fue una de las fuerzas impulsoras de la exploración de la segunda.

Al final, resultó existir un continente en el extremo sur de la Tierra.

Bibliografía:

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Archivado bajo Ciencias Sociales, Geografía y Cartografía

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