Hidrarchus, la historia de una extraña estafa

Allá por el siglo XIX la investigación paleontológica estaba en sus comienzos pero los extraños monstruos del pasado encabezados por unos dinosaurios que todavía no se representaban como ahora ya cautivaban el imaginario colectivo y llenaban salas de museos y páginas en la prensa.

Conforme museos comenzaron a atraer a la gente con esqueletos de monstruos del pasado, comenzaron a surgir algunos casos singulares.

Uno de estos casos fue obra del paleontólogo, aventurero y “showman” Albert Koch, quien en 1845 presentó en New York el esqueleto fósil de una serpiente extinta de 35 metros (100 pies) de largo a la que relacionó con el leviatán bíblico y llamó según parece Hidrarchus sillimani (“El regidor de las aguas de Silliman”) en honor al profesor Benjamin Silliman de Yale.

El ejemplar tuvo bastante éxito y llamó la atención de muchos. Un joven Edward Drinker Cope lo contempló cuando tenía seis años y escribió a su abuela: “He estado en el museo y he visto el mamut y el Hydrarchas, ¿Sabes lo que es eso? Es el gran esqueleto de una serpiente. Es tan largo que tiene que mostrarlo a través de tres salas”. El joven no exageraba: el esqueleto era demasiado grande para exponerlo en una sola sala.

El ejemplar original de Hydrarchus fue adquirido por el rey Federico Gillermo IV de Prusia para el Museo Real de Berlín y Koch presentó en 1847 en Chicago otro ejemplar de casi las mismas dimensiones que sería destruido por el fuego en 1871.

Sin embargo, los científicos no recibieron al “regidor de las aguas” con los brazos abiertos. Técnicos reconocidos como Owen, Mantell o Lyell no lo aceptaron e incluso llegaron a producirse bromas sobre Silliman que lo llevaron a exigir a Koch que cambiara el nombre de la “especie”. Este le hizo caso y la renombró como Hydrarchus harlani en honor al anatomista William Harlan que había dado nombre al fósil Basilosaurus considerando que se trataba de una serpiente gigante. Muerto en 1843, Harlan no pudo protestar.

Sería el anatomista Jeffries Wyman quien analizaría el esqueleto presentado por Koch y determinó que las diferentes vértebras correspondían a individuos de diferentes especies y ejemplares de ballenas del Eoceno. El cráneo y las costillas correspondían al Basilosaurus, cuyas filiaciones Sir Richard Owen había establecido como las de una ballena completamente pelágica a la que intentó llamar Zeuglodon, nombre que tiene cierta influencia a pesar de las reglas de nomenclatura.

Los esqueletos habían sido descubiertos por Koch en yacimientos del Eoceno en Alabama.

La estafa, como tantas otras, calló en el olvido conforme se hizo pública pero tuvo una gran influencia en el pensamiento del influyente paleontólogo Cope, que consideraba que las serpientes descienden de lagartos nadadores, idea que influiría mucho en su posterior descripción del Tylosaurus.

Bibliografía:

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Archivado bajo Ciencias Sociales, Evolución, Mitología

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