Los dioses del mar: mitología eslava

Hola. Hacía bastante tiempo (creo que casi dos años) que no retomaba esta sección sobre las encarnaciones del mar en las diferentes culturas.

Y aquí nos enfrentamos a un reto bastante complicado, porque los pueblos eslavos parece que no tenían escritura hasta que abrazaron el cristianismo, cosa que sucedió cuando el príncipe Vladimir de Kiev se convirtió a la vertiente ortodoxa por influencia bizantina.

En consecuencia, carecemos de los textos mitológicos que disponemos en otras mitologías como la Teogonía en la mitología griega, las Eddas en la nórdica, o El Libro de las Invasiones en la celta.

Y el cristianismo no se interesó mucho en tomar constancia de las tradiciones eslavas paganas anteriores a su llegada, ocupado como estaba en acabar con ellas.

Por si todo esto fuera poco, los eslavos no eran un único pueblo sino un mosaico de pueblos bastante complejo y diverso esparcido por toda Europa oriental.

Así que el estudio de la mitología eslava ha dependido de los escasos testimonios escritos de que disponemos, el folclore popular que ha llegado hasta nosotros y de los restos arqueológicos.

Con semejantes mimbres ¿Qué tenemos?

Pues la verdad es que poca cosa: parece que los eslavos tenían una visión del agua similar en algunos aspectos a la que tenían los celtas y en otros al de los escandinavos.

Parece ser que creían que el universo era un árbol que crecía sobre una roca mágica que flotaba sobre el mar. A través de este océano algunos dioses y héroes fueron capaces de llegar y volver del otro mundo, que en el folclore eslavo era considerado un lugar bastante hermoso.

Entre los dioses podemos mencionar que a Veles, uno de los dioses más importantes y mencionados entre los pueblos eslavos, patrón de la tierra, se le atribuye el dominio de las aguas, pero estas aguas parecen ser las aguas dulces. Veles era la representación de la tierra, los bosques y las aguas, los eslavos le apreciaban mucho porque consideraban que era el protector de las cosechas y los rebaños y lo veían como un dios más desaliñado que los dioses celestiales.

Entre las numerosas investigaciones en los últimos tiempos, se ha señalado una figura muy sugestiva: Morskoi o Czar (zar) Morskoy, cuyo nombre significa “Emperador del Mar” y al que en 2017 Mathieu Colas definió como comparable con el Poseidón–Neptuno clásico.

Su culto parece extenderse a rusos y eslavos orientales, a la ciudad de Novgorod (que junto a Kiev fue la principal ciudad naval y comercial de la Rusia precristiana) se le atribuye un relato sobre él. La historia es la siguiente:

En la ciudad de Novgorod vivía un músico podre llamado Sadko que tocaba un instrumento llamado gulsi en festines y celebraciones. Un día que no había recibido convide, Sadko comenzó a tocar junto al lago Ilmen, lo bastante bien como para que un duende de las aguas ascendiera y le diera las gracias porqué él mismo tenía una fiesta y la música de Sadko había agradado a sus invitados. Para agradecérselo, le reveló que en el lago vivía un pez mágico.

Al día siguiente un rico comerciante organizó un gran festín y la tradición era que los invitados alardearan de sus riquezas. Sadko fue invitado pero, al carecer de estas, no tuvo otra cosa que comentar que el secreto del pez.

Muchos se rieron y dijeron que si Sadko lo capturaba le darían riquezas. Para asombro de todos, el músico capturó al pez y con ello obtuvo grandes riquezas con las que construyó un gran palacio, se casó con una hermosa dama llamada Lubava y se convirtió en un próspero comerciante.

Tiempo después, navegando con su flota, Sadko se vio atrapado en una calma chicha que dejó sus barcos inmovilizados. Temiéndose no poder salir de aquello, Sadko decidió hacer un sacrificio a Czar Morskoy arrojando oro por la borda.

Como esto no surtió efecto, resolvió sacrificarse a sí mismo y le lanzó a las aguas. Así fue a parar al palacio del Emperador de los Mares, que le solicitó que tocara en su banquete. Cuando lo hizo, los invitados comenzaron a bailar.

Entonces se le acercó un duende del agua y le dijo que aquella danza estaba causando una terrible tormenta en la superficie que estaba haciendo zozobrar barcos y matando gente. Sadko reacción arrancando las cuerdas de su gusli de una. Cuando acabó, dijo a Czar Morskoy que no tenía más cuerdas.

El duende acuático le dijo al músico que el Emperador de los Mares quería que se quedara para seguir disfrutando de su música, por lo que le ofrecía que se casara con una de sus hijas. El duende le recomendó que escogiera a la última de ellas, el río Volkva, que era su hermana y lo ayudaría.

Así lo hizo: tras escogerla lo hizo dormir y, cuando despertó, estaba a orillas del río cerca de Novgorod. Regresó a su hogar y se reunió allá con Lubava, junto a la que vivió feliz el resto de sus días.

De este relato podemos extraer que Czar Morskoy era un dios del mar que tenía su palacio en el fondo de este y era atendido por las criaturas acuáticas. Era una deidad poderosa y temible y también era padre de los ríos (cosa que recuerda al Océano griego) que en este caso tenían personalidad femenina.

La figura de este dios del mar está presente en la cultura popular, como la película de 2017 “Tri bogatyrya i Morskoy tsar” (más o menos “los Tres Caballeros y el Emperador del Mar”).

La temible pareja de las aguas eslavas

Dentro de las aguas dulces eslavas existen dos figuras muy poderosas que sobrevivieron a la llegada del cristianismo e incluso a la del comunismo hasta el punto de que en la Rusia profunda todavía hay quien parece creer en su existencia: la rusalka (plural rusalki) y el vodianoi.

Estas criaturas no son exactamente lo mismo, pero pueden ser considerados como sirenas y tritones fluviales que atrapan las almas de los humanos en vasijas y ayudan a las almas en pena o a realizar el paso al otro mundo.

Se ha afirmado que los vodianoi “suelen casarse con las rusalki o por lo menos tenerlas de criadas”. Esto nos señala tanto la visión de las esposas entre los eslavos antiguos como la naturaleza complementaria de ambas criaturas.

De todos modos, parece ser que los eslavos sentían un respeto rayano en la aprensión hacia el líquido elemento que veían como el dominio de un dios un poco caótico y en el que moraban criaturas temibles. El Emperador de los Mares es un dios poderoso y temible, aunque no malvado.

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Archivado bajo Ciencias Sociales, Mitología

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