Un par de anécdotas sobre la nomenclautra binomial

Me apetece hablar un poco sobre la llamada nomenclatura binomial o científica para referirse a los seres vivos.

Esta nomenclatura fue establecida por el botánico sueco Karl von Linneo, sobre el que ya hemos hablado en este blog aunque sin abarcar todo el legado de uno de los mayores científicos de todos los tiempos y quizá el mayor biólogo más importante antes de Darwin.

Perdón por ser tan entusiasta pero para un entusiasta de la taxonomía como yo Linneo es uno de los mayores héroes.

La nomenclatura binomial se refiere a las especies con dos palabras: el nombre genérico y el apellido específico. El primero en efecto es un nombre que comienza en mayúscula y el segundo es un adjetivo descriptivo que comienza en minúscula. Para evitar discusiones por el nombre Linneo estableció la regla de prioridad: el primer nombre (y apellido) es el que vale, si se pone el mismo nombre a dos géneros diferentes se lo queda el primero y el siguiente tiene que buscarse otro.

Las especies se reúnen en géneros, estos en familias, clases, filos / divisiones… hasta el nivel más alto que originalmente eran los reinos y ahora son los dominios. Pero lo único tangible es la especie.

Linneo fue el padre de la clasificación moderna

Así, nosotros los humanos somos la especie Homo sapiens el nombre significa “Hombre” y el apellido “sabio”. Nos llamamos a nosotros mismos “Hombres sabios”, esto se puede criticar por ser desde arrogante a machista, pero fue el primer nombre que nos pusimos y es el técnicamente correcto.

Y la regla de prioridad tiene una consecuencia: el primer nombre incluido en Sistematica naturae es el válido y Linneo fue fundador y por ello el primero en incluir nombres científicos, así que muchos de los nombres que puso hace más de tres siglos siguen vigentes. Se ha dicho que la mitad de los nombres válidos los ha puesto él, nada menos.

Hay un ejemplo muy interesante: el nombre científico del cachalote. Linneo conocía la existencia de este gran cetáceo y llegó a la conclusión de que había dos especies, a las que incluyó en un único género: Pyseter macrocephalus y Pyseter catodon.

Luego la genética descubrió que las dos especies eran solo una pero Linneo las había publicado juntas. Consecuencia: el cachalote es la única especie animal que tiene dos nombres científicos válidos.

En la mayoría de los casos nos referimos a animales y plantas por sus nombres “vulgares”, cosa que puede llevar a confundir especies por las diferentes nomenclaturas.

Hay algunas excepciones a la tenencia y una de ella son las algas, que prácticamente carecen de nombres cordiales en la lengua castellana. Por ello utilizamos sus nombres científicos.

El archiconocido T.rex es de los pócos seres que se mencionan con nombre y apellidos.

Más profunda es la utilización de estos nombres para referirnos a los seres vivos prehistóricos. Los icónicos nombres de los dinosaurios son nombres científicos, en general nombres genéricos sin mencionar el apellido específico.

Es el caso de los famosos Diplodocus, Allosaurus o Triceratops. También el antepasado de las flores Archaeofructus, de las ballenas Ambulocetus o criaturas mucho más antiguas como Anomalocaris, Hallucigenia

De entre todos estos casos solo conozco un ejemplo de una criatura prehistórica que a la que sea normal referirse por su apellido específico: el megalodon, ciclópeo tiburón prehistórico al que es mucho más fácil encontrar referido como tal que como Carcharocles megalodon.

También hay dos casos en los que se utiliza normalmente el nombre y el apellido: uno es el archiconocido Tyrannosaurus rex, el vip de los dinosaurios, y el otro es temblé cachalote Lyviatan mellvilei del cual ya hemos hablado por estos lares.

Y, hablando de “monstruos marinos prehistóricos” hay otro caso interesante y es el del Basilosaurus, cuyo nombre significa “rey de los reptiles” pero resulta que fue la primera ballena gigante. El caso es que fue el paleontólogo americano Harlan el primero restos, consistentes en principalmente en una columna vertebral. No se puede decir que los confundiera con un dinosaurio ya que en aquellos tiempos el concepto no se había acuñado pero si las indentificó con un reptil ciclópeo. Años más tarde sería Richard Owen el que analizaría el cráneo comprendiendo que se trataba de un mamífero para el que propuso el nombre de Zeuglodon (diente viselado). Las reglas taxonómicas de Linneo dejan claro que el nombre válido es el primero que se pone por muy raro que nos parezca al final, pero el término Zeuglodon ha tenido un cierto recorrido que podríamos definir como “no reglamentario” muy escaso entre los nombres invalidados.

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Archivado bajo Aplicación, Biología

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