Basilosaurus, la primera ballena gigante

¿Qué hace un animal con nombre de dinosaurio relacionado con las ballenas? Esta pregunta es la más obvia de una lista de circunstancias que afecta a uno de los animales más interesantes de los mares terciarios.

El Basilosaurus fue el primer miembro conocido del grupo de los cetáceos que alcanzó dimensiones gigantescas, también fue la primera ballena prehistórica en ser descubierta y una de las más espectaculares.

Es, quizá el símbolo de una era muy diferente de la historia de las ballenas.

El descubrimiento de una criatura muy singular

Fue allá por 1832, años antes de que Darwin publicada El Origen de las Especies, cuando fueron descubiertas en la ribera del río Ouachita en Lousiana ocho vértebras gigantes. Una de ellas acabó en manos del doctor Richard Harlan en Filadelfia.

Harlan publicó un informe en 1834 afirmando que se trataba de la vértebra de un reptil gigante al que llamó Basilosaurus (“rey de los reptiles”). Fue un error comprensible si tenemos en cuenta que las vértebras de los mamíferos marinos tienen sus singularidades y que Harlan solo disponía de una.

En 1835 fueron descubiertos nuevos restos de la criatura y Harlan decidió enviarlos a Londres para poder ser analizados por Richard Owen, quien determinó que los dientes eran de mamífero y que las vértebras eran similares a las de las ballenas.

Considerando que Basilosaurus era un nombre inadecuado para una ballena propuso el nombre genérico alternativo de Zeuglodon (“diente uncido”) y el apellido específico de cetoides (“similar a una ballena”). Pero la regla de prioridad de la nomenclatura binomial linneana deja claro que el primer nombre es el correcto, así que el nombre definitivo resultó Basilosaurus cetoides (“Rey de los reptiles con aspecto de ballena”).

En la década de 1890 el Smithsonian envió una expedición en pos de nuevos restos consiguiendo encontrar un ejemplar casi completo que interesó al conservador del Smithsonian Frederic Lucas en 1900.

Sin embargo el paleontólogo Othenio Abel llegó a la convicción de que los huesos de la pelvis del Basilosaurus correspondían a un ave a la que en 1906 llamó Alabamaornis gigantea (“el ave gigante de Alabama”), otro sinónimo descartado para Basilosaurus cetoides.

Además de estas discusiones técnicas, el paleontólogo y aventurero Albert Koch aprovechó la abundancia de restos para combinar una cantidad de ellos y dar lugar a un monstruo de 35 metros que expuso en 1845 en Nueva York como una serpiente marina a la que llamó Hydragos (regidor de los mares).

También el reverendo J.G. Wood tras contemplar varias vértebras y hablar con varios pescadores de la zona de Massachusetts afirmó que era posible que todavía quedaran con vida criaturas similares a los Basilosarus y que fueran los responsables de los avistamientos de grandes criaturas similares a serpientes pero dotadas de pequeñas extremidades en la zona entre 1819 y 1875, situando al animal detrás del mito de la “Serpiente de Nathan”, cosa que publicó el Atlantic Monthly en 1884.

Antigua reconstrucción, nos muestra cuanto han cambiado

Wood era más honesto que Koch, no hizo estas afirmaciones a la ligera sino que investigó varios casos y buscó varias fuentes. El tiempo ha demostrado que esos avistamientos eran meras leyendas pero podemos perdonar un poco a Wood teniendo en cuenta que en aquella época los fósiles no estaban datados con tanta precisión.

En todo caso, los criptozoólogos han afirmado en repetidas ocasiones haber encontrado rastros de la serpiente de Nathan o directamente del Hydrargos.

Basilosaurus cetoides es fósil oficial del estado de Alabama.

Actualmente se conocen tres especies del género Basilosaurus:

  • cetoides la descubierta por Harlan, econtrada en Norteamérica.
  • isis descrita por Charles Williem Andrews en 1904 en Egipto en 1904.
  • drazindai descrita por Philip Gingerich en 1997 en Pakistán.

Reconstrucción

Describir al Basilosaurus en un trabajo bastante interesante.

Podemos comenzar con que se trataba de una ballena bastante grande, con un tamaño entre los 17 y 21 metros. Sin embargo, su cuerpo no era tan robusto como el de las ballenas modernas sino que estaba más estilizado. Se le atribuye un peso medio de 5 toneladas y un aspecto que podría haber recordado al de un mosasaurio.

Sobre su tegumento no tenemos nada. Al principio se le atribuían características reptilianas y luego se pensó que podría haber estado cubierto e pelo. Actualmente se considera que su piel era parecida a la de sus parientes modernos.

Tenía unas mandíbulas con dentición heterodonta con una fórmula 3.1.4.2/3.1.4.3 y se han descubierto fósiles de ejemplares jóvenes que presentan su dentadura de leche. Todo ello constituye una marcada diferencia con las dentaduras homodontas y sin fase de dientes de leche de los cetáceos modernos.

Estas singulares fauces eran accionadas por una musculatura poderosa que cubría la parte superior del cráneo partiendo de una cresta llamada cresta sagital en lo alto de la cabeza. Les permitían morder con mucha fuerza.

En el mundo de los sentidos, sabemos que su abertura nasal estaba a medio camino entre los ojos y el hocico. No se sabe muy bien porque pero se considera una fase de la evolución del espiráculo moderno. Sin embargo este prototipo de espiráculo albergaba tejidos asociados al olfato, a diferencia de los delfines y rorcuales, Basilosaurus tenía sentido del olfato.

Sus ojos estaban situados a los lados de la cabeza, dándole un campo de visión periférico.

Por último, tenemos bastantes fósiles bien conservados de sus estructuras auditivas que nos muestran que esta primitiva ballena tenía unas capacidades auditivas similares a las de las modernas a través de las mandíbulas y oídos que les permitían detectar el origen y dirección de los sonidos. Sin embargo, también presentan pequeños canales que nos da a entender que tenían diminutas orejas vestigiales.

Sobre su cuerpo, era alargado y con forma serpentina. En el extremo posterior tenía una aleta caudal como sus parientes modernos y su columna vertebral era alargada y flexible. El centrum de las vértebras caudales y lumbares es enorme mientras que el arco es pequeño en comparación, esto da a entender que tenía una gran movilidad en diferentes direcciones permitiéndole moverse a como una enorme anguila.

No sabemos si tenían una aleta dorsal.

En lo que se refiere a sus extremidades, Basilosaurus disponía tanto de extremidades superiores como inferiores.

Reconstrucción más actual

Las aletas pectorales estaban bien desarrolladas pero, mientras que las de los cetáceos modernos son básicamente una enorme mano y un brazo reducido, las de Basilosaurus tenían los huesos bien desarrollados y se ha sugerido que el codo y los dedos podrían ser capaces de realizar algunos movimientos. De todos modos, el principal objetivo de estos brazos-aleta parece ser el mismo que en la actualidad: ayudar dirigir la natación.

En lo que se refiere a los miembros inferiores están claramente atrofiados y parecen inútiles para funciones locomotoras en el agua (no digamos ya en tierra). Las estructuras óseas están unidas a la pelvis y caderas que están presentes en los animales modernos y sirven para encajar músculos. Los miembros propiamente dichos se sugirió que podían ser meros vestigios y más tarde que no sobresalían fuera del cuerpo. Sin embargo, actualmente hay consenso en que estos miembros estaban desarrollados y que podían servir a los amantes para acoplarse durante la cópula.

Su cabeza suponía el 7% de su longitud, dándole un aspecto más serpentino. Los huesos de su cráneo nos muestran un cerebro bastante más pequeño que los de las ballenas modernas con un EQ entre 0,14 y 0,5.

Taxonomía y sistemática

El Basilosaurus fue el primer género de cetáceo extinto en ser nombrado, por lo que su grupo toma su nombre: los basilosáuridos.

Se trata de un grupo de cetáceos incluido dentro del infraorden de los arqueocetos (Archaeoceti) con rango de familia. Los arqueocetos son básicamente todos los cetáceos extintos que no podemos incluir dentro de los grupos modernos de misticetos y odontocetos y los basilosáuridos eran los arqueocetos exclusivamente acuáticos.

La familia está a su vez dividida en dos subfamilias: basilosaurinae (donde podemos encontrar a nuestro protagonista) y dorundontinae, más pequeños.

Sus antepasados son los protecétidos, que todavía eran anfibios pero ya estaban mejor adaptados al medio marino.

Se puede considerar a los basilosáuridos como un grupo monofilético que tuvo una amplia radiación adaptativa y geográfica asociada a su capacidad de desplazarse por mar abierto.

Dentro de este grupo se encuentran los antepasados de las ballenas modernas por bien que todavía no está claro al 100% de donde está este honor.

Forma de vida

¿Qué hacía esta criatura con su equipamiento?

La verdad es que no sabemos demasiado sobre la vida social de esta criatura pero dado su pequeño cerebro podemos suponer que no era tan compleja como la de las ballenas modernas.

Hans Thewissen ha sugerido que si los machos eran más grandes podríamos considerarlos polígamos y que se formarían harenes. También hay quien considera que no se trataba de animales sociables y que solamente se reunían para criar.

En un momento se consideró que se sentían cómodos en aguas someras pero la mayor parte de los fósiles se han encontrado en rocas propias de mar abierto independientes de la costa, por lo que debemos considerar que se trataba de un animal pelágico.

Dentro de los restos de un Basilosarurus isis hallado en Wadi Al Hitan (“Valle de las ballenas”)  en El Cairo (Egipto) se han encontrado restos de uno de sus parientes cercanos, huesos de juveniles de Dorudon mostrando signos de mordeduras, además de dientes de tiburón.

Esto ha llevado a los científicos a concluir que el Basilosaurus era el mayor depredador de los mares del Eoceno tardío, capaz de dar caza a otros depredadores.

Con todo esto, podemos sostener que el Basilosaurus era un poderoso depredador pelágico que se sentía cómodo en mar abierto, donde se movía serpenteando o con su cola caudal. Parece claro que podían realizar grandes viajes transoceánicos, recorriendo enormes distancias en mar abierto, lo que ayudó a las ballenas a expandirse por el globo.

Daba caza a cualquier animal de los mares de la época, a los que detectaba con un sonar pasivo o con su visión periférica.

Es posible que se acercara a aguas someras en pos de presas, aunque la imagen de Caminando entre las Bestias en la que vemos a una hembra lanzarse contra la arena para dar caza a un Arsinoitherium parece claramente exagerada.

No conocemos su comportamiento social pero con su pequeño cerebro no debió de ser tan sofisticado como el de los cetáceos modernos. Si los machos eran más grandes que las hembras es posible que hubiera harenes pero todavía no lo sabemos. También hay quien piensa que se trataba de animales solitarios que solo se reunían para aparearse.

Desconocemos si había alguna forma de cortejo pero parece que utilizaban sus extremidades vestigiales para el acoplamiento durante la cópula. El ballenato nacía en el agua probablemente con la cola por delante, no regresaban a tierra para dar a luz, no eran capaces.

Toda su vida tenía lugar en el mar.

Basilosaurus en la cultura popular

Como ya hemos mencionado, en el siglo XIX hubo varios intentos de estafa en torno a su existencia. A día de hoy, los criptozoólogos cada cierto tiempo dicen tener pruebas de su existencia (o la de Hydrachas) en el presente que van desapareciendo conforme la atención popular se diluye.

En un entorno más serio, Basilosaurus ha aparecido en medios documentales siendo el más importante de los cuales Caminando Entre las Bestias, cuyo segundo capítulo, titulado “La ballena asesina”, está protagonizado por una hembra de Basilosaurus que se aparea y caza para poder dar a luz a su bebé.

Poco después apareció en el especial de Caminando Entre Dinosaurios dedicado a los monstruos del océano.

En ambos casos se lo representa como una ballena grande y serpentina feroz menos inteligente que sus parientes modernas. La reconstrucción es bastante acertada teniendo su intento de encallar al más puro estilo de las orcas patagónicas como su mayor extravagancia.

Extinción

Sobre la extinción del Basilosaurus debemos tener en cuenta que los restos más reciente que tenemos están datadas hace 33,9 millones de años. Esto implica que sobrevivieron a la extinción que afectó a finales del Eoceno, probablemente por su amplia distribución geográfica.

Diente de Basilosaurus, la última perla de mi colecciónde fósiles.

Se ha señalado que este animal aparece en sedimentos de mares cálidos, por lo que debió de ser amante estas aguas habituales durante el óptimo climático del Eoceno pero a finales de este período el movimiento de los continentes acabó por alterar la circulación de los océanos poniendo fin a la mezcla de las corrientes marinas ecuatoriales y polares, lo que implicó que los mares y el clima sufrieron un drástico enfriamiento.

Los basilosáuridos, acostumbrados a un océano cálido, se vieron muy seriamente afectados por este acontecimiento que supuso una reducción importante primero y una desventaja a la hora de competir con sus descendientes los nuevos cetáceos que aparecieron a partir de ellos en esos tiempos.

Ese fue el final de uno de los animales más interesantes de la historia del mar.

Bibliografía:

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Archivado bajo Biología, Ecología, Evolución

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