Cefalópodos Ciclópeos II: Parapuzosia, el gigante de los ammonites.

Pues aquí seguimos con los krakens acorazados, el siguiente gigante con patas en la cabeza (que es lo que significa “cefalópodo”) data de una época muy posterior. Los ammonites vivieron en los mares de todo el mundo entre hace 400 y 65 millones de años hasta que se extinguieron al mismo tiempo que los dinosaurios.

Se trata de uno de los grupos que ha dejado más fósiles, omnipresentes en la colecciones, ya sean profesionales o personales, los ammonites son uno de los fósiles más conocidos. Y su gigante fue Parapuzosia.

El Parapuzosia es un ammonite del cual conocemos 44 colecciones datadas entre los 94,3 y 70,6 millones de años y que fue descubierto por primera vez en 1895 en Alemania por Hermann Landois, quien lo clasificó dentro el género Pachydiscus como P.seppenradensis suponiendo una concha de 3 metros de diámetro y 1,4 toneladas de peso.

No sería hasta 1913 que Nowak decidiría que esta criatura era en realidad un género diferente al que llamó Parapuzosia (“similar a Puzosia” en referencia a otro ammonite).

Actualmente hay tres especies en el género: P.seppenradensis, P.boesei y P.bradyi, habiendo sido encontrados restos mayoritariamente en el hemisferio norte aunque se ha descubierto una colección en la Antártida.

Tanto Parapuzosia como su pariente Pachydiscus pertenecían a la familia Desmoceratidae, grupo de ammonits considerandos nadadores rápidos.

La mayor concha de un ejemplar de Parapuzosia corresponde a la especie tipo P.seppenradensis llegando nada menos que a los 2,55 metros de diámetro, se ha teorizado que el diámetro máximo podría superar los 3 metros, la concha podría albergar 700 litros de aire en sus cámaras para mantener la flotabilidad y el cuerpo blando del animal alojado en ella llegar a pesar hasta 751 kilogramos, lo que lo hace el mayor ammonite conocido actualmente y uno de los mayores moluscos que jamás han existido.

Por lo demás, se supone que tenían tentáculos con ventosas (no sabemos cuántos) y un sifón para propulsarse a chorro. Como todos sus parientes modernos, podemos suponer que era un depredador visual y, dado su masivo tamaño, su ramillete de presas podría ser bastante amplio: otros cefalópodos de la época, peces, crustáceos y probablemente algunos reptiles marinos de pequeño tamaño y corta edad, aunque algunas imágenes en las que se lo ha representado cazando dinosaurios parecen más flipadas que otra cosa.

Se considera que se trataba de un animal eminentemente pelágico con un mayor rango de movimientos verticales que muchos de sus parientes. Un estudio de 2016 señala que se lo encuentra en fangos y con otras especies de ammonites asociados con aguas frías.

Con todo, la vida de Parapuzosia era mucho más difícil que la de Cameroceras, ya que vivió en un mar lleno de depredadores mucho mayores que él: los tiburones como Cretosyrhina y mosasaurios como Tylosaurus o Plotosaurus. A pesar de sus dimensiones y ferocidad, nuestro gigantesco ammonite era también presa de otros.

Un estudio publicado en 2018 de Amane Tajika, Alexander Nützel y Christian Klug ha realizado unas muy interesantes ideas sobre Parapuzosia. Comparando las conchas y los restos encontrados dentro de ellas con los de los modernos Nautilus, llegaron a la conclusión de que una hembra de Parapuzosia podría poner 10.000.000 huevos en caso de ser semélpara o incluso 100.000.000 en caso de ser iterópara a lo largo de sus diferentes reproducciones (el primer escenario parece más probable teniendo en cuenta que todos los cefalópodos son semélparos). Las larvas tendrían una concha de 1 mm en el momento de su nacimiento.

Esto haría de Parapuzosia un “estratega de la r extremo” cuyas larvas serían una parte relevante del plancton de los mares del cretácico, fuente de alimento para depredadores menores y filtradores.

Entre las conclusiones del estudio señala que la radiación adaptativa de gasterópodos planctónicos como Thecosomata se debió a que ocuparon el lugar de las larvas de ammonites y belemnites desaparecidos en la extinción que marca el final del cretácico.

En resumidas cuentas, podríamos decir que Parapuzosia fue un gigantesco ammonite con una mayor capacidad de movimiento vertical y horizontal que muchos de sus parientes modernos que depredó un gran ramillete de presas pero tenía sus propios enemigos y cuyas larvas planctónicas eran muy relevantes en el plancton de los mares cretácicos.

Una criatura muy singular.

Bibliografía:

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Archivado bajo Biología, Ecología, Evolución

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