¿Van las belugas con los narvales?

Las belugas y los narvales son dos cetáceos muy conocidos.

Las primeras son famosas por su color completamente blanco y su aspecto entrañable, además de ser bien conocidas gracias a la cautividad, mientras que los segundos por el potente colmillo en forma de cuerno de unicornio que presentan los machos.

Ambas especies están estrechamente relacionadas y la idea de que son animales amigables y apacibles, en ocasiones asociada a la tendencia de la humanizar a los cetáceos, ha llevado a la idea de que se mueven de forma asociada. ¿Es esto cierto? Vamos a verlo.

Familia monodontidae

Las belugas (Delphinapterus leucas) y los narvales (Monodon monoceros) son los únicos odontocetos o cetáceos con dientes que permanecen todo el año en océano Ártico y forman la familia monodontidae cuyo rango ha dado lugar a algunas discusiones.

Están estrechamente emparentadas con los delfines y están incluidos dentro de la superfamilia delphinoidea, que incluye a los descendientes de los kentriodóntidos del mioceno, pero su rango ha sido debatido: hay autores que consideran que no tienen rango de familia y son una subfamilia dentro de la familia de los delfines (Delphinidae) mientras que otros consideran que no solo son una familia separada sino que incluyen una tercera especie, el calderón de Irrawaddy (Orcaella brevirostris) e incluso que cada especie supone una subfamilia.

Por otro lado, Reeves et all (2005) sostienen la clasificación de familia separada pero manteniendo a Orcaella con los delfines. Esta clasificación parece más acertada ya que recientes estudios sugieren que esta está más estrechamente relacionado con las orcas.

Sobre su historia evolutiva podemos decir que no hay consenso sobre cuando se separaron de los delfines y marsopas y que tenemos restos fósiles de ambas especies datados en el pleistoceno cuyas ubicaciones dan a entender que estas criaturas han ido modificando su distribución en función de las extensiones heladas debidas a las glaciaciones y períodos interglaciares.

Sin embargo, dentro del registro fósil de los monodóntidos podemos encontrar ejemplares como Bohaskaia monodontoides hallado en Virginia y datado entre 3-4 millones de años y Denebola branchycephala encontrada en la baja California datada en el mioceno superior, a las que se ha unido más recientemente Casatia termophila encontrada en el Italia.

La localización de todas estas criaturas en zonas templadas en incluso tropicales nos dan a entender que esta familia tuvo una distribución mucho más amplia y en opinión de Nick Pyenson y Jorge Vélez-Juarbe la adaptación de narvales y belugas a las aguas polares se han producido en una época mucho más reciente.

Sobre cómo eran las variedades extintas, parece que se parecían mucho a las belugas hasta el punto de haber sido considerados como especies o variedades de esta especie.

Delphinapterus leucas

El término beluga deriva del ruso “beloye”, significa “blanco”, haciendo referencia a su color completamente blanco en estado adulto, aunque de jóvenes tienen un color más grisáceo y un rostro más marcado, lo que les da un aspecto más similar al de sus parientes los delfines o quizá a sus antepasados los kentriodóntidos.

Al nacer miden 1,5 metros y en edad adulta llegan a los 5,5 metros de largo y algo más de 1.500 kilogramos de peso. Los machos son algo mayores que las hembras.

Que bonita la beluga, cuidado con humanizarla

Su ciclo vital es relativamente bien conocido gracias a los ejemplares en cautividad, a la que se adaptan bien.

La gestación dura 14 – 15 meses, la lactancia dura dos años. Como he dicho, al nacer son grisáceas y no alcanzan su distintiva blancura hasta los 7 años en las hembras y a los 9 a los machos. Su esperanza de vida llega a los 40 años o más, las hembras llegan a la madurez sexual a los 5 años y los machos a los 8.

Se cree que en estado salvaje las cópulas se concentran en primavera-verano pero se han observado cópulas en otros momentos.

Se alimentan de una amplia variedad de peces como salmones y fletanes, crustáceos y pulpos.

Son conocidas por la diversidad de sus señales acústicas, que es uno de los más diversos conocidos entre los cetáceos y les han dado el sobrenombre de “canarios de mar”.

En lo que respecta a su ecología, las belugas viven en los mares del Ártico, prefiriendo las aguas someras y costeras donde pueden capturar más fácilmente a sus presas aunque pueden adentrarse en las aguas profundas.

Son capaces de mover los labios y girar la cabeza, lo cual les hace uno de los cetáceos más expresivos y conmovedores.

En este sentido puedo contar varias anécdotas de la universidad, en la que dos amigas mías hicieron una presentación sobre el trauma acústico en cetáceo y al ver una foto una de ellas exclamaba “¡Ay, belugiña!” (“iño/iña” en gallego es un diminutivo afectuoso). Un año más tarde llevé mi portátil al campus y otra amiga se me acercó a ver que tenía de fondo de pantalla, tenía una beluga y ella reaccionó diciendo “¡Ay! ¡Qué bonita la beluga!”.

Hay muchas otras anécdotas pero estas dos nos recuerdan lo expresivas, carismáticas y atractivas que son las belugas. A mí también me encantan pero aquí es donde debemos tener cuidado con el antropomorfismo y no humanizarlas.

Monodon monoceros

El narval es un animal casi legendario debido a su diente en forma de cuerno que les ha dado el nombre de unicornio de mar pero también a su entorno difícil de alcanzar: las aguas profundas del océano Ártico. Entre esto y que no hay ejemplares en cautividad es fácil comprender que sea menos conocido que su estrecha pariente.

Sabemos al nacer miden 1,6 metros y alcanzan la madurez sexual a los 360 cm las hembras y los 420 cm los machos. Las mayores tallas son de 4 metros y 1.000 kg para las hembras y 4,75 metros y 1,600 toneladas los machos.

Su longevidad no es conocida, al igual que la gestación aunque se ha especulado que dura de 13 a 16 meses. Se cree que la cópula tiene lugar en verano y el parto en marzo-mayo.

Se cree que la lactancia dura hasta 2 años y se reproducen cada 3 como la belugas pero los datos no parecen confirmarlo.

Entre sus presas tenemos los bacalaos polar (Boreogadus saida) y ártico (Arctogadus glacialis), el fletán de Groenlandia y cefalópodos como calamares. Así, se dirige hacia especies demersales y pelágicas.

Su hábitat preferido es el mar abierto, en el que se mueven siguiendo el avance y retirada de los hielos y pueden alcanzar profundidades de 1.000 metros en inmersiones de hasta 25 minutos.

Como las belugas, son sociables, se mueven en grupos de en torno a 5 individuos y son conocidos por la diversidad de sonidos que utilizan.

El famoso cuerno de los machos es un diente que crece hasta un máximo estimado de 267 cm al que se le han atribuido capacidades sanadoras y fue llevado del Ártico a Europa como un elemento de leyenda. Se trata de un diente hipertrofiado, mientras que los restantes se mantienen vestigiales. Su propósito no está del todo claro pero, dado que no solo las hembras sino muchos machos carecen de él, no parece un carácter determinante para la supervivencia y podría ser un carácter sexual secundario.

¿Estas criaturas van juntas?

Tras presentar a nuestros protagonistas, vamos al tema que nos ocupa. Cuando era pequeño en un libro encontré que las belugas y los narvales solían ir juntos ¿es esto cierto?

A priori la afirmación no parece improbable ya que no es raro encontrar cetáceos de distintas especies nadando juntos pero no había citaciones hasta recientemente.

Sería en 2016 cuando al estudiar un grupo de 60 belugas en el estuario del río St. Laurence en Canadá fue descubierto un ejemplar de narval nadando con el grupo, donde estar completamente integrado y se movía como uno más.

El colmillo delataba al protagonista de esta historia como un macho joven y los responsables del estudio, el grupo GREMM (Group for Research and Education on Marine Mammals), consideraban que las belugas también lo eran al menos en su mayoría.

Robert Michaud, presidente de GREMM, afirmó que el narval “se comportaba como uno de los chicos” y que los jóvenes participaban en juegos sociales y sexuales.

El narval volvió a ser visto con las belugas en 2017 y 2018, por lo que se cree que el jov

en ha sido adoptado por una nueva familia.

Aunque el biólogo Martin Nweeia dijo que no debería parecernos tan sorprendente dadas las similitudes entre ambas especies otros señalan que sí es extraño debido a que, a pesar de sus semejanzas y de vivir ambos en la misma zona, ambas especies viven en nichos diferentes: las belugas se sienten cómodas en aguas costeras y someras mientras que los narvales prefieren el mar abierto y más profundo.

Otra cosa que se ha sugerido es que se puede haber producido hibridación entre ambas especies dando lugar a un híbrido llamado “narluga”. Esto tampoco sería un caso aislado, se conoce la hibridación en especies de delfines y yo mismo participé en el avistamiento de un ejemplar híbrido de delfín común (Delphinus delphis) y listado (Stennella Coelureoalba).

Sin embargo la única posible prueba de hibridación era la calavera de un cetáceo de aspecto extraño capturado en 1980 en Groenlandia que había sido llevada posteriormente al Museo Zoológico de Copenhague donde ya en 1993 se sugirió que podría ser el cráneo de un híbrido entre narval y beluga pero no sería hasta 2019 cuando un equipo de la Universidad de Copenhague dirigido por Eline Lorenzen realizaría un estudio de ADN e isótopos del cráneo.

Cráneos de narval, beliga e híbrido

Los resultados fueron que se trataba en efecto de un híbrido masculino de primera generación entre un macho de beluga y una hembra de narval. La composición isotópica daba a entender que se alimentaba de peces de la columna y que descansan sobre el fondo pero su dentición sugería que se tratada de un depredador que prefería cazar cerca del fondo.

En palabras de Lorenzen, este es el primer caso registrado de hibridación o de encuentros sexuales entre ambas especies y señala que las muestras genéticas que utilizaron como patrones daban a entender que no se ha producido un cruzamiento entre ambas especies por lo menos en los últimos 1,25 millones de años.

De todo ello podemos extraer la conclusión de que, efectivamente, los narvales y las belugas pueden juntarse, confraternizar y procrear con éxito pero es un fenómeno bastante raro probablemente debido a que ambas especies prefieren aguas diferentes, lo que hace menos frecuente que se encuentren.

Bibliografía:

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Archivado bajo Biología, Ecología, Evolución

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